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J.M. Guelbenzu - "Un asesinato piadoso" (Alfaguara)

"Un nuevo caso de la Juez Mariana de Marco" reza la pegatina que Un asesinato piadoso lleva adherida a su portada. "Y yo sin saber quién es la tal Mariana" pensé extrañado al verla y leer en la solapa interior que el personaje tenía tres antecedentes. Además, la sensación de extrañeza ante mi desconocimiento de la serie (uno está especialmente atento a cualquier comentario que se haga de novela negra) se enfatizaba por ser obra de un autor editorialmente privilegiado como es José María Guelbenzu, del que anteriormente tampoco había leído ninguna obra, pero que goza de prestigio como veterano editor, escritor y crítico literario. Debía salir de mi ignorancia , de modo que, en cuanto tuve una oportunidad me lancé a la aventura de conocer al personaje y su autor a través de su última entrega.

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En ella nos encontramos a la juez, recién trasladada a un nuevo destino, una capital "de provincias" (odio esa terminología, pero es la mejor que para describir un entorno que el autor señala como lo suficientemente grande para ser ciudad, y al tiempo lo suficientemente pequeña para que todos se conozcan) que Guelbenzu se empeña en no desvelar y llama "G." cada vez que la cita en el relato. Es en ese marco en el que De Marco asume la instrucción de su primer homicidio, cuya autoría confiesa -apuntando en la dirección que indicaban las pistas- el acaudalado suegro de la víctima. Sin embargo, algo intriga a la juez del caso, cuyas piezas no parecen encajar a la perfección, por lo que se negará a cerrar rápidamente la instrucción.

Ese podríamos decir que es el punto de partida de Un asesinato piadoso, aunque para ser sólo el inicio -y sin haberles desvelado apenas nada de la trama- hay que señalar que al autor le cuesta superarlo para adentrarse en el nudo de la intriga. Todo sucede muy lentamente en esta historia en la que Guelbenzu parece embelesado por su personaje, a cuyas reflexiones y vida interior y exterior dedica buena parte del relato. Pero lo que no sería problema de servir como herramienta para transmitir interesantes emociones y reflexiones, es puro relleno carente de interés en este caso, pues la jueza, descrita como una mujer madura y atractiva por el autor, se debate por un lado entre la frivolidad del qué me pongo, la ansiedad de no saber si los demás la ven como una mujer liberada o una fresca, y al tiempo (en lo que me parece el aspecto más débil de toda la obra), en un mar de valoraciones morales sobre los comportamientos del resto de personajes de la obra. Sobrevuela sobre todo el libro un tufo de moralina como hacía tiempo que no encontraba en una novela. Y es que Guelbenzu no sólo sugiere temas complejos, como es propio de este tipo de novelas, sino que a través del pensamiento y la palabra de su protagonista, sentencia los esquemáticos y maniqueos comportamientos y pensamientos del resto de actores. Esta moralina, unida a lo lento del relato (interrumpido por las descripciones de "G." que chirría en la mente del lector cada vez que es citada así) y su frágil trama, hacen de Un asesinato piadoso una lectura prescindible, que quizás interese a completistas o estudiosos del género negro español que quieran saber todo lo que se ha hecho en él. Pero poco más.

Sergio Ramírez - "El cielo llora por mí" (Alfaguara)

Si tuviera que resumir por qué me gusta tanto la novela negra diría que se debe a que, de toparte con una buena, tiene un valor añadido. Seguramente pase también con otros géneros. Sin ir más lejos ahí está la exitosa novela histórica que goza de numerosos entusiastas por contar historias interesantes al tiempo que traslada al lector a épocas pretéritas. Sin embargo, el valor añadido de la novela negra es que su acción sirve muchas veces de coartada para que sus autores traten tratar y denuncien asuntos de actualidad (o no tan actuales) con la libertad que da el relato de ficción, frente a la rigurosidad del ensayo. No quiere esto decir que haya que tomar las novelas de ficción como realidad, pero uno puede acercarse a algunos autores como se acerca a algunos periodistas y diarios, con cautela en principio para ver de qué pie cojean, y con atención al detalle si uno percibe que son de confianza. Les cuento esto para que entiendan los motivos por los que, pese a no haber leído ninguna de sus obras con anterioridad, me acerqué con sumo interés a la que se anunciaba como una inclusión en el género negro del prestigioso político, escritor y periodista nicaragüense Sergio Ramírez; porque de exprimir con pericia las claves del género, su novela El cielo llora por mí podría ser un billete único para viajar a la Managua actual y conocer, a través de los ojos del autor, parte de su situación sociopolítica.

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Y es que en una Managua reciente ubica Ramírez la acción de su novela, protagoniazada por dos policías nincaragüenses con un pasado en común como guerrilleros del Frente Sandinista, que se implican en una compleja investigación en la que, la supuesta desaparición de una mujer, les llevará a una trama con conexiones en los puntos más altos del poder. Esto, que a priori podría devenir en cualquier cosa, es desarrollado por Ramírez, desde mi punto de vista, con cierta torpeza. Para empezar, en el aspecto lúdico de la novela, el autor tarda mucho en plantear el punto de partida, pues hasta bien entrada la novela el lector no sabe si hay algo que investigar o si el delito que intuye el protagonista principal ha existido o no. A partir de entonces Ramírez tampoco consigue generar apenas tensión a través de la trama, en la que se mezclan sospechas e indicios que el lector no puede seguir y, por tanto, tampoco tratar de resolver. No obstante, esta carencia lúdica podría suplirse con la parte descriptiva o social. Sin embargo el autor, enfrascado en exponer la compleja trama (y en dotarla de un toque cómico al tiempo que homenaje literario, que no acaba de cuajar), no valora o no centra su mirada apenas en este aspecto, y sólo en algunos pasajes podemos saborear los olores y colores de la capital nicaragüense. Una pena, porque no cabe duda de que el autor y el contexto eran propicios para ofrecer una obra sobre Nicaragua, a caballo entre el divertimento y el retrato/denuncia social, que aún tendremos que esperar.

Michael Connelly - "Llamada perdida" (Zeta bolsillo)

En 2002 se editaba en EEUU la primera edición de Chasing The Dime, rebautizada para su edición española de 2005 como Llamada perdida, una novela en la que el prolífico Michael Connelly abandonaba momentáneamente sus personajes habituales para elaborar una nueva trama criminal, ambientada también en la ciudad de Los Angeles. En ella, un científico y empresario de alto nivel que acaba de cambiar de vivienda tras romper con su pareja, comienza a recibir en su nuevo teléfono llamadas destinadas a una prostituta. El científico, marcado por un trauma de su pasado, pronto descubrirá que la antigua propietaria del número desapareció semanas atrás, y se embarcará en su búsqueda, lo que no le ocasionará más que problemas.

Con ese punto de partida Connelly vuelve a realizar un correcto y ejercicio de narración, con una trama lo suficientemente ágil como para mentaner la atención del lector, y una estructura sencilla que posibilita que el libro se lea en un suspiro. Como en otras ocasiones, la historia es también muy visual, transmitiendo la impresión de estar asistiendo al visionado de un interesante thriller hollywoodiense. Al margen de eso, poco más. No se trata de una obra trascendente, sino de puro -y efectivo- entertainment, lo que de vez en cuando se agradece.

Más de Connelly en Fondo de catálogo:
El eco negro
Cauces de maldad

Javier Puebla - "Tigre Manjatan"

Aunque las mujeres fatales, los antros para aficionados al boxeo o los héroes solitarios que desayunan bourbon son algunos de los iconos inconfundibles del género negro, por norma habitual su aparición en las novelas actuales, y más aún en las ambientadas en la Europa contemporánea, está en franca recesión. Ejemplos hay de lo contrario, como las primeras novelas de Ferran Torrent, aunque quedan ya lejanas y los escenarios han ido desapareciendo paulatinamente de sus obras al tiempo que lo hacían también de las ciudades. No obstante, Javier Puebla se resiste a renunciar a estos emblemas y recurre a ellos con fuerza en su nueva obra, Tigre Manjatan, cuya acción, pese a su portada neoyorquina, transcurre en un Madrid actual en el que se mueve un periodista solitario apodado con el peculiar mote que da título a la novela.

Seguir Leyendo... Puebla, que dio su mayor golpe hasta la fecha al quedar finalista del Nadal en 2004 con Sonríe Delgado, nos presenta en la obra a un 'Tigre' atormentado por el asesinato de una prostituta que recientemente protagonizó uno de sus reportajes. Insatisfecho por la dirección que parece apuntar la investigación policial, el periodista emprenderá su propia búsqueda del asesino.No obstante, no es esta trama el principal argumento de la novela (o al menos no me lo parece a mí), sino el propio protagonista, cuyos pensamientos el autor nos va narrando a medida que avanza la historia. Así seguimos a un personaje que parece fascinar al autor -ya ha ganado un certamen literario con la que será la segunda novela que protagonice y lo ha ubicado en varios relatos breves-, pero que a un servidor, por lo excesivo de su cliché (hombre solitario, cínico, que lanza constantemente frases -supuestamente- incendiarias, bebedor de bourbon, etc.), se le antoja distante y poco creíble. En el recorrido, pese a todo, destaca por encima del resto un fragmento (cuando el periodista, una vez hecho el reportaje, se ve obligado a tratar con la prostituta marginal) en el que Puebla junta unas páginas que destilan crudo realismo. Sin embargo, son pocas en el global de una obra que se lee con facilidad, pero que no trascenderá por poseer una brillante y consistente intriga (la investigación avanza por azar y se resuelve de un modo como podría haberse resuelto de otro), ni por suponer el retrato social de un lugar y una época, como podría haber sido de haber ahondado en la senda de las páginas citadas; aunque seguramente no fuera ese el deseo de su autor.

Stieg Larsson - “Los hombres que no amaban a las mujeres” (Destino)

Desde que me dio por leer entero El código Da Vinci, me resisto por sistema a empezar cualquier superventas... hasta que, como en este caso, alguien cercano, con buen criterio y seguramente con menos prejuicios literarios, me convence de lo contrario. Creo que Los hombres que no amaban a las mujeres sigue, merecidamente, en los primeros puestos de ventas desde que diera el salto a las librerías españolas, el pasado junio, desde la editorial Destino.

Si os gusta la novela negra y no estáis buscando leer “una obra literaria mayor” (entre otras etiquetas por el estilo que le han colgado al libro en las contraportadas), sino simplemente una novela cautivadora y fresca, ésta puede ser la vuestra. La primera parte de Millennium, una trilogía que continuará con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, que saldrá a la venta el próximo 25 de noviembre, ha sido un fenómeno editorial en Suecia (país de procedencia de su autor, Stieg Larsson, cuya biografía profesional y su muerte prematura en 2004, justo después de la última entrega de Millennium, han contribuido a la creación de un mito, con polémica familiar incluida alrededor de su legado literario) y también en otros países europeos como Francia o Reino Unido.

Para desmontar las amplias expectativas puramente literarias que por arte de márketing se han creado en torno al libro baste leer esta crítica como ejemplo, cuyo autor lo explica de forma muy didáctica. Ahora bien, también es cierto que no es el márketing quien ha creado esta intensa saga, ni quien ha conquistado incluso a aquellos lectores que no son aficionados a la novela negra. Según el artículo de Lorenzo Silva en El País, el propio autor estaba totalmente convencido del éxito que tendrían sus novelas. Y acertó.

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Larsson elige muy bien los ingredientes de sus novelas: unos protagonistas nada convencionales, el periodista Mikael Blomkvist (seguramente ‘alter ego’ del autor), de 45 años, vehemente en su trabajo y con una vida íntima un tanto agitada, y Lisbeth Salander, de 24, una auténtica ‘outsider’ que ha llegado –cosas del destino- a convertirse en detective privada y en una joyita de personaje en el que se centrará la segunda novela; algunas pinceladas interesantes sobre la sociedad sueca –como telón de fondo de la historia principal- que distan mucho de dar una imagen complaciente de ésta (en algo ha de notarse que el autor no era un periodista acomodaticio, sino un experto en la extrema derecha de su país que escribió sobre los oscuros lazos que la unen con la política y las finanzas). Según una amiga sueca, adicta a Millennium, y a quien el “no amaban” del título le sonaba mucho más templado que el “odiaban” sueco, el juego con algunos espacios, hechos y personajes reales es un factor atrayente para el público de allí.

En fin, el libro contiene violencia; los hoy más de moda que nunca escándalos financieros; corrupción y poder; oscuros crímenes; una estructura bien definida: historias que confluyen a un ritmo creciente... En las primeras 145 páginas el nudo de la novela está planteado y a partir de ahí no puedes parar hasta zamparte las más de seiscientas que lo componen. Sin embargo, lo que creo que puede haber resultado un gancho fundamental es la total falta de cinismo que a pesar de todos esos escenarios violentos se percibe; no se puede dejar de tener la sensación de que el autor tiene un fuerte, e incluso cándido, sentido de la ética, por supuesto también periodística... Es un optimista y eso, en estos tiempos en los que una se siente tentada a dejarse caer en las garras del pesimismo y de las profecías apocalípticas, se agradece.

Para mí, la lectura de las peripecias de Blomkvist y Salander ha sido como leer un cómic de superhéroes cuyos poderes son, sin embargo, bastante humanos. En fin, un libro muy recomendable para quien pretenda pasar un buen rato y algún que otro muy malo que te hace “taparte los ojos-cerrar el libro” (en Suecia, ya se está rodando la primera parte de la saga), e incluso alguno de desahogo al más puro estilo “chúpate ésa” tarantinesco. A diferencia de El código..., esta novela consigue el objetivo editorial de presentar un producto bastante redondo para un público muy amplio sin que los lectores más exigentes sientan que han perdido el tiempo al cerrar el libro. Yo, al menos, estoy deseando sumergirme en las páginas de la segunda entrega.

John Connolly - "Els Turmentats" (Bromera)

Éxito editorial. Autor reputado. Personaje carismático. Cuando en una novela negra reciente se juntan todos esos ingredientes, el libro del que se hace referencia suele responde al mismo patrón: una obra perteneciente a una serie de varias protagonizadas por el mismo personaje. Ya hemos hablado de ello en comentarios anteriores e inevitablemente sucederá en adelante. No es algo nuevo en un género infravalorado, incluso por parte de sus propios autores, y no va a dejar de utilizarse mientras siga siendo rentable para autores y editores, y tolerado por el público. Si a eso le sumamos el éxito comercial que de nuevo disfruta la novela negra, no es de extrañar que el número de escritores que trata de colocar a su creación entre los más celebrados no deje de crecer. Una de las incorporaciones más populares de los últimos años es la de el detective Charlie Parker, hijo de la mente de John Connolly, que naciera para el mundo editorial en 1999 en la novela Every Dead Thing. No obstante, la primera que ha caído en mis manos de la serie que protagoniza es esta Els Turmentats (publicada también en castellano como Los Atormentados por Tusquets) que supone la sexta y última aventura protagonizada hasta la fecha por el detective con nombre de martir del jazz.

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"¿Y se puede empezar por aquí?" sería la primera pregunta a la que cabría dar respuesta. Sí, se puede. Un servidor lo ha hecho y se ha enterado de todo, aunque es cierto que ha de atar cabos cuando han irrumpido en la historia determinados personajes cobrando una importante relevancia a pesar de no ser descritos (lo que evidencia que son habituales de la serie). Ése podría ser el mayor handicap de la lectura de esta novela para los no iniciados en la saga protagonizada por Parker, o no acostumbrados a este tipo de usos muy propios por desgracia de la novela de este género, que podrían quedarse estupefactos ante estas irrupciones injustificadas. Porque cabe señalar que son éstas las que resquebrajan, a mitad de obra, la solidez de una novela que empieza de un modo sencillamente magistral , presentando en una especie de relato de terror al que será uno de los protagonistas. Y es que cabe señalar, por si alguien no lo sabe, que es ese ingrediente terrorífico o inspirado en los llamados fenómenos paranormales el que aporta el grado diferencial a las novelas de Connolly. El resto no deja de encajar con uno de los modelos típicos -detective solitario, mordaz e irónico, ayudado por amigos que transitan por el borde de la ley- del imaginario pulp, aunque empleado eso sí, con la suficiente maestría como para garantizar más de un buen momento al aficionado. No obstante, pese a la ruptura de la tensión dramática que se produce cuando entran en la historia algunos secundarios habituales, el interés no llega a decaer en ningún momento en una Els Turmentats; que si bien no puede erigirse por sí sola como una obra cumbre o significativa del género, sí creo que satisfará tanto a los habituales seguidores del autor, como a los que se acerquen a ella buscando la tensa evasión que las buenas novelas del género proporcionan. Bueno es.

Andrea Camilleri - "El perro de terracota" (Salamandra)

Debido a la extraña pero cómoda costumbre de muchos periodistas especializados, de copiar las consideraciones de otros colegas cuando desconocen un tema (en lugar de reconocer el desconocimiento o simplemente, apuntar la materia desde otro ángulo), a punto estuve de que mi relación con la obra de Andrea Camilleri se limitara a la lectura de La forma del agua. Y es que, animado por las constantes recomendaciones que de esta novela se hacían siempre que el nombre de su autor salía a relucir, fue la primera protagonizada por Salvo Montalbano que cayó en mis manos. Sin embargo, en lugar de acabar entusiasmado ante una obra brillante, lo que me encontré fue una novela policíaca de corte mediterráneo -muchos exteriores y aparente descripción social- bastante convencional, que situaba al autor italiano (a mi parecer, y con una sola lectura) un paso por detrás de sus colegas de referencia. Y así quedó nuestra relación hasta que, en las últimas vacaciones, quién sabe por qué motivo, se cruzó de nuevo en mi camino y me propuse darle una nueva oportunidad. La elegida en esta ocasión fue El perro de terracota y puedo avanzarles que fue una decisión acertada.

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Porque ya desde
las primeras páginas de la novela me encontré con un autor liberado del encorsetamiento formal que hacía de La forma del agua una novela estándar. Escrita dos años después de aquella -y con una La ópera de Vigàta también protagonizada por Montalbano de por medio-, El perro de terracota empieza a modo de comedia de enredo y sin plantear un caso concreto. En cambio, al comisario se le agolpan, en el transcurso de unas pocas horas, una serie de problemas que en principio irá resolviendo a trompicones y de modo a veces accidental, aunque poco a poco, lo que parecían sucesos aislados, acaben apuntando a un problema mayor. Con esa excusa, la del delito siempre necesario de la novela negra, Camilleri traza -esta vez sí- una tragicómica historia, que le sirve para dibujar un retrato de la sociedad contemporánea que puebla esa Sicilia en la que ubica su ficticia Vigàta. Las mafias, los silencios, los enchufes, el conservadurismo, las apariencias... todo va desfilando ante los ojos de un lector que devora una novela tremendamente ágil, que se eleva aún más con una inteligente trama paralela, la del hallazgo de unos cadáveres asesinados medio siglo atrás y su imposible investigación por parte del comisario, que sirve a su autor para hacer una semblanza de la Sicilia de la 2ª Guerra Mundial. Y todo ello, mientras el lector se entretiene, seguramente en muchas ocasiones, sin ser consciente de lo que se le está contando.

Así se configura una obra sencilla y agradable en su apariencia (con un Salvo Montalbano ácido y con cuerpo), pero tremendamente sólida. Una novela que ha provocado que otra de las protagonizadas por el comisario me mire ya de reojo en estos momentos, y que espere con interés la salida de La muerte de Amalia Sacerdote, la obra con la que, días después de completar ésta, Andrea Camilleri se alzó como vencedor del II Premio Internacional de Novela Negra RBA.

Michael Connelly - "Cauces de maldad" (Ediciones B)

Atraído por la sorpresa que me supuso la reciente lectura de su brillante debut (de 1992) con El Eco Negro, regresé a la bibliografía de Michael Connelly con una novela de factura mucho más cercana. En concreto fue con Cauces de maldad (2004), una obra ya con las carencias habituales de aquellas que reiteran un elenco de personajes ya conocidos (empezando por la ausencia de numerosos detalles que ahonden en la personalidad de los protagonistas para no cansar a los seguidores fieles), pero que, pese a ello, se puede leer de modo completamente independiente. La acción la protagoniza de nuevo su personaje predilecto, el detective Harry Bosch, retirado de la policía, al que curiosamente se le encarga investigar, por parte de su viuda, el presunto asesinato enmascarado como suicidio de Terry McCaleb, el policía protagonista de Deuda de Sangre, otra de las novelas de Connelly que fue llevada a la gran pantalla por Clint Eastwood. Esto, más el hecho de que la sospecha de que un caso paralelo recaiga sobre uno de los villanos de otra de sus novelas (El Poeta), es empleado por el autor para realizar una novela cuyo ritmo va increscendo a medida que avanzamos en el texto, al tiempo que un pequeño juego -cuando se refiere a McCaleb, Eastwood y el film- en que el cruza y confunde la realidad que vivimos y la de sus personajes, hasta el punto de aprovecharse de las impresiones recibidas por los espectadores de la película para que influyan en la percepción de un personaje de la novela. Todo ello, manejado de nuevo con gran soltura por Connelly -sin duda, un talentoso narrador-, configura una novela que supone un ágil y entretenido divertimento.

Especial 'Novela Negra' en Babelia

El suplemento cultural de El País dedicó esta semana su núcleo principal a la 'Novela Negra'. Si les interesa, desde los siguientes enlaces pueden acceder a los diferentes reportajes que configuraron su contenido:

Geografía de la sospecha, por Santiago Gamboa.
Postales sangrientas, una entrevista a Harlan Coben realizada por Andrea Aguilar.
Cuando el pasado es el lugar del crimen, por José María Guelbenzu.
Hermandad criminal, por Justo Navarro.

Dennis Lehane - "Shutter Island" (RBA)

Seguramente la primera ocasión en que escuché el nombre de Dennis Lehane fue asociado a Mystic River, la excepcional película dirigida por Clint Eastwood a partir de un guión adaptado de su novela del mismo título. Sin embargo, fue cuando se llevó también a la gran pantalla su novela Gone Baby Gone (titulada en el cine Adios pequeña adios y editada como Desapareció una noche) cuando por primera vez fui consciente de su existencia como escritor, fruto precisamente de ese inusitado interés de la meca del cine por adaptar sus novelas. Es por eso que ahora, cuando ya se encuentra avanzada la adaptación cinematográfica por parte de -nada más y nada menos- que Martin Scorsesse de su novela Shutter Island, decidí adelantarme a la entrega audiovisual y probar de primera mano la entidad de su autor.

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Y lo primero que puedo decir de la novela es que, ciertamente, se puede convertir en un material cinematográfico que arrase en taquillas (ya ha funcionado como un libro superventas a nivel internacional). Shutter Island, al contrario de las dos novelas de Lehane llevadas previamente a la gran pantalla, no contextualiza su novela en la actualidad, sino en la década posterior a la Gran Guerra. Es en ese marco en el que un policía federal es enviado a una isla norteamericana en la que se ubica una prisión para reclusos afectados por enfermedades mentales, con el fin de tratar de esclarecer la extraña desaparición de una de las enfermas. Sin embargo, lo que debería ser simplemente un caso misterioso, empieza a enredarse desencadenando una situación cada vez más asfixiante. Poco más se puede revelar de la trama de una novela que encuentra su principal baza en su argumento pleno de sorpresas, que hará las delicias de aquellos que simplemente deseen pasar un buen rato sin más pretensión. Sin embargo, este primer encuentro por mi parte con la escritura de Lehane, me deja un regusto un tanto amargo, pues toda la valía de la obra parece descansar en la trama, quedando al margen de ella un material -personajes, contexto, etc.- de muy escasa entidad. Si fue así en las otras dos novelas (y fue, por ejemplo, Eastwood el que en Mystic River dotó a la historia del drama moral que es lo que verdaderamente engrandece el film) es algo que no sé, aunque de esta Shutter Island sí puedo decirles que es, como novela, un correcto entretenimiento. Poco más.

Harlan Coben - "Por Siempre Jamás" (RBA)

Antes les comento mi sensación de que en RBA no fallan con el material que editan en su serie negra, antes tengo que salir a desdecirme. Y es que mi siguiente incursión en el "género" (aunque en este caso es más aparente que real) de la mano de esta editorial me llevó a toparme con una novela cuya lectura ha devenido en fiasco. La culpable ha sido Por Siempre Jamás, una novela de Harlan Coben, un autor norteamericano que goza de bastante popularidad y del que recuerdo haber leído por estos mundos de internet, que gusta de elaborar argumentos con giros espectaculares. Y giros espectaculares hay en Por Siempre Jamás, pero por imposibles. Ya desde el principio la narración carece de ritmo y, pese a los tristes sucesos que relata, por su frialdad resulta imposible empatizar con ninguno de los personajes. Ni siquiera creo que la novela tuviera la más mínima capacidad de generar intriga pese a su tramposo planteamiento (más en la línea de novelitas de aventuras como El Código Da Vinci que de una novela negra), y la única razón para acabarla fue la inercia. Y finalizado el trayecto les puedo asegurar que no valió la pena. Pasen.

Peter Robinson - "El camaleón" (RBA)

De nuevo salto a ciegas sobre una novela negra de un escritor del que carezco de referencias, de nuevo en busca de entretenimiento sin pretensiones pero correcto, de nuevo en una historia policíaca, y de nuevo acierto. No sé si se debe simplemente a la fortuna o hay que felicitar a la gente encargada de la selección de escritores en RBA, porque no es la primera vez que me llevo una grata sorpresa con alguno de sus autores, que al parecer son reputados en sus países, pero que aún andan lejos de ser popularmente reconocidos en el español. Es el caso de Peter Robinson, escritor británico afincado desde hace décadas en Canadá, y que creó allá por 1992 al policía Alan Banks, y del que hace unos años se publicó por primera vez una obra en España. Fue precisamente esta El Camaleón, la que hacía quince de las veinte que en total ha protagonizado hasta la fecha; aunque, para bien de los lectores españoles, sea una excelente obra de presentación.

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Y lo es porque se puede disfrutar completamente sin conocer el pasado del protagonista (un factor delicado, como señalé en una ocasión, en estas novelas en serie), cuya personalidad -al igual que la de los secundarios- está completamente definida, y cuyos actos se justifican con lo expuesto en el libro. Un libro cuya trama empieza precisamente donde acaban muchas otras, con la aparente resolución de un crimen, en este caso de una serie de ellos. Y es que, tras llevar meses tras la pista de un secuestrador en serie sin haber hallado ninguna pista sólida, la policía de Eastvale va a dar con su guarida accidentalmente al acudir una pareja de policías a atender una posible situación de malos tratos. Lamentablemente, la detención acabará en un valle de sangre, con un policía muerto y el principal sospechoso en estado de coma. En ese domicilio la policía encontrará los cadáveres de casi todas las chicas, así como a la mujer del sospechoso y víctima también de sus malos tratos; y Banks, temporalmente al frente de la unidad, deberá recomponer todo lo sucedido para poder cerrar definitivamente el caso.

Ése es, a grandes rasgos, el punto de partida de una novela que no destaca ni por su originalidad, ni por la aportación externa al mero divertimento policial, pues salvo algunas veladas críticas al tratamiento sensacionalista que los medios tratan de dar a la información, poco de social hay en el libro. Sin embargo, sí que brilla por su efectividad a la hora de manejar el suspense, pues creo que pocos lectores no intuirán por dónde van a ir los tiros en la novela, algo con lo que creo que el autor cuenta para dotar de una mayor carga de intriga y suspense a la lectura. Una lectura ya digo, que quizás no aporte nada, salvo el entretenimiento del lector. Y si uno desea precisamente eso, como era mi caso, qué menos que reconocerlo.

Michael Connelly - "El Eco Negro" (Ediciones B)

El cadáver de un yonki aparece muerto en un lugar apartado de la ciudad de Los Ángeles frecuentado por drogadictos. Su hallazgo coincide con el turno de un detective huraño e individualista y, casualidades de la vida, éste conoció al muerto años atrás, cuando combatieron juntos en la guerra del Vietnam. Esto, y un par de detalles extraños, llevarán al detective a pensar, en contra de lo que asumen todos sus colegas, que la persona cuyo cuerpo ha sido hallado no murió de una sobredosis accidental, sino que fue asesinado. Ése es el punto de partida, tópico al tiempo que rebuscado, de El Eco Negro. Pero lo que son las cosas, es también el principio de la vida para la ficción de Harry Bosch, un detective de la mano del cuál, Michael Connelly, un periodista de sucesos norteamericano, saltó a la fama. Y a decir verdad, por lo leído en este debut, ya tengo la impresión de que su éxito podría ser francamente merecido.

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Seguramente sus lectores habituales dirán que sí, que Connelly (del que Clint Eastwood adaptó al cine Deuda de Sangre) es un gran escritor, pero yo me ceñiré a esta su primera obra, la única que hasta ahora he leído y puedo valorar. Y es que, como comenté en una ocasión anterior, las novelas de una serie protagonizada por los mismos personajes pueden no constituir un todo (al dar por supuesto que el lector conocerá el pasado de los personajes contado en otras entregas), pero no es ése el caso de El Eco Negro, pues contiene todos los elementos que el lector necesita para disfrutarla al cien por cien. Y lo más sorprendente y que a mi modo de ver hace realmente valiosa esta obra es que, pese a contar con una serie de elementos muy comunes al género -policía individualista e idealista, sistema aparentemente corrupto, pinceladas de tensión sexual, etc.-, están manejados con gran soltura y constituyendo una trama intensa y que se desarrolla de un modo ágil y trepidante.

Eso en definitiva es lo más valioso y llamativo de este debut literario de un Michael Connelly que cumple ahora dieciséis años de éxito ininterrumpido (recientemente presentó en España, Echo Park su última novela traducida al castellano); por un lado la construcción de una trama compleja, pero que funciona de un modo muy dinámico y perfectamente ensamblado, sin perder al lector en detalles superfluos; y por otro la frescura de su narrativa, carente de artificios, pero hábil a la hora de repartir en breves descripciones y líneas de diálogo los detalles que configuran la profundidad de sus personajes. Es puro entretenimiento, pero realizado con inteligencia y buena factura. Para mí, un grato descubrimiento.

Mark Billingham - "Bajo Tierra"

Si el género policíaco es considerado en muchas ocasiones como un género menor, uno de los factores que afianzaría en mayor medida esa idea sería la extendida costumbre entre muchos autores de que buena parte de sus novelas estén protagonizadas por personajes que no han sido dibujados sólo en una de ellas, sino a lo largo de una serie o en entregas precedentes. No constituyen, como la mayoría de los libros, un todo, un continente en el que el autor ofrece todos los elementos con los que quiere que el lector se maneje. En cambio, muchas veces, los escritores cuentan con que los lectores ya conocerán perfiles de personajes ya avanzados en anteriores libros o, simplemente, prescinden de reincidir en descripciones que podrían resultar redundantes para sus lectores habituales.

Encontrar la justa medida para evitar la redundancia y, al tiempo, construir novelas en las que todo esté al alcance tanto del lector fiel como del casual, es algo muy difícil, que sólo algunos maestros consiguen. Y no siempre. Les cuento todo esto porque la novela de las que les voy a hablar pertenece a la penúltima serie de novelas protagonizadas por un policía y me ayuda a explicar perfectamente -más algún otro factor- por qué no me he enamorado de Tom Thorne.

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Bajo Tierra, no es la primera de las novelas protagonizadas por este inspector londinense creado por Mark Billingham, un escritor británico que se ganó sus primeros jornales tras la máquina de escribir ejerciendo de guionista de series de televisión. Pero tampoco es la segunda, como parecería por el hecho de ser la segunda que Algaida publica tras haber lanzado hace unos meses su debut en Sueño Profundo. Es, creo, la sexta de la serie, por lo que es fácil que el autor, acostumbrado a trabajar con el personaje (desde su creación le ha hecho participara en una aventura por año), haya por ello prescindido en ella de dotar de una densidad propia al protagonista, al margen de la que uno se pueda hacer a partir de sus erráticas relaciones con el resto de personajes. Sí, parece torpe, inseguro con los demás, tanto para afianzar su relación con su gente más cercana, como para entablar nuevas relaciones. Sin embargo, son apreciaciones un tanto sui géneris, pues la novela no es que se detenga en ningún momento a tratar a los personajes.

Y no es porque carezca de espacio, ya que Bajo Tierra es una novela francamente extensa. Ése sería el otro punto flaco de la novela, su extensión. Pero no porque a uno le guste acabar pronto, sino porque no era necesario tanto para contar tan poco. Realmente Bajo Tierra no es una novela negra, sino, en todo caso, una novela policial, una obra en la que se detalla como la policía sigue una investigación. En cambio, y eso es lo que la distancia del género negro, la trama no aporta ninguna descripción social remarcable. Es un puro trasunto criminal en el que se investiga el secuestro de un chico de una familia acomodada. Si, para colmo, la trama se prolonga innecesariamente con diálogos supérfluos, descripciones huecas, y sin a penas el más mínimo altibajo en la tensión de lo narrado más allá de un para de tímidos golpes de efecto, el resultado es bastante desalentador. Obviamente, hasta protagonizadas por Carvalho hemos leído más de una novela prescindible. Aunque, por suerte (para él y para nosotros), Montalbán no cometió en esas excepciones el defecto de hacernos el mal trago tan largo.

Andreu Martín - "De Tot Cor" (Bromera)

En la presentación de De Tot Cor, señaló su autor Andreu Martín, que uno de los aspectos que hacían tan especial y tan atractivo el género negro, era su valor didáctico. Efectivamente, además del lado lúdico de tratar de adivinar la intriga que se plantea, lo que muchas de esta novelas del género permiten a sus lectores es adentrarse en mundos a los que les es difícil acceder. Precisamente en nuestro país, Manuel Vázquez Montalbán fue el que llevó esto al extremo en novelas protagonizadas por el detective Carvalho, en cuyos argumentos el crimen no era más que una excusa para analizar el contexto en el que lo situaba, quedando su resolución en un muy segundo término. Y seguramente, por esos antecedentes, se antojaba tan atractiva la idea del experimentado Andreu Martín de situar el crimen de su nueva novela en medio del estercolero mediático de la prensa rosa; un ámbito del que el que más y el que menos conoce el funcionamiento, pero del que seguramente se podría airear -con la excusa de la ficción- algún aspecto todavía desconocido.

Seguir Leyendo... Así pues, Martín asesinó en su nueva novela a un viejo periodista del corazón y vertió las sospechas en un variado número de los personajes que viven del mercadeo de la intimidad de los "famosos". Y para dotar a la misma de mayor interés, planteó la narración de una manera muy peculiar, al recrear la historia de lo sucedido y de su investigación desde tres diferentes puntos de vista: desde el del principal narrador, y desde los de los autores de dos libros -ficticios, evidentemente- inspirados en la investigación del crimen que el primer narrador emplea para sustituir su palabra en su explicación de la historia. Esto, que así explicado puede resultar complejo, es resuelto con gran habilidad por Martín y proporciona el principal atractivo a la novela, pues aporta la lectura de que un mismo suceso puede ser muy distinto dependiendo del narrador y los intereses que tenga puestos en el mismo.

Sin embargo cabe lamentar por otro lado que Andreu Martín, a mi modo de ver, haya sacrificado el aspecto didáctico del que hablaba al principio, por el aspecto lúdico. Pues al final el tema de la prensa del corazón no deja de ser un simple escenario en el que a penas se profundiza, a favor de una formalidad narrativa original y la plasmación de un ritmo vertiginoso -en algún momento hasta precipitado- en el desarrollo de la historia. Podríamos convenir en definitiva, que De Tot Cor -ganadora del Premi Alfons El Magnànim de narrativa en valenciano 2007- es un buen divertimento, pero que la novela que destripe definitivamente la "prensa del corazón" todavía está por llegar

El aumento de certámenes alrededor del género negro en nuestro país es un placer para los aficionados, que pueden ver como el número de lanzamientos se multiplica, e incluso, en el caso de los más afortunados, escuchar de voz de sus autores favoritos un análisis, sin ficción de por medio, tanto de su obra como de la realidad en la que se inspira. Yo no fui de los segundos, pero si de los beneficiados por lo primero, pues el certamen Barcelona Negra que tuvo lugar la pasada semana impulsó la publicación en nuestro país de una nueva obra del exitoso escritor británico Mark Billingham. El creador de las novelas protagonizadas por el inspector Tom Thorne, pasó por Valencia para promocionar Bajo Tierra (Algaida, 2008) y no perdí la oportunidad de hacerle unas preguntas, aunque lamentando que la situación se presentara cuando todavía no conozco su obra.

Acaba de asistir a la última edición de Barcelona Negra. ¿Qué tal la experiencia?
Era la primera vez que asistía y ha sido divertido. Es como otros festivales europeos, aunque no como los británicos. Aquí ha habido debates muy serios, público entusiasta y un montón de bebida.
¿Qué lo diferencia de los festivales anglosajones?
Creo que la diferencia fundamental es que allí hay cierto esnobismo, clasismo, entre los aficionados, mientras que aquí se toma desde un punto de vista más serio, valorándolo entre la escritura en general, lo cuál está muy bien.

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El motivo de su visita es la presentación de Bajo Tierra, su última novela publicada en España. Es tu segunda obra editada aquí, pero es la sexta protagonizada por tu personaje Tom Thorne. ¿Cómo lo ve? ¿Puede esto afectar a la comprensión de las historias que cuenta?
La verdad es que no sé porque se están publicando en este orden. Fue una gran sorpresa para mí porque es muy extraño. Mi agente me comentó algo al respecto pero poco se podía hacer. Es algo que suele pasar con muchas editoriales a lo largo del mundo. Ellos compran los derechos de los libros, los traducen y deciden el orden en que los publican. Yo sólo los escribo. De todos modos, aunque hay cierta continuidad, yo escribo los libros pensando que han de funcionar por sí mismos, como si fueran obras independientes, por lo que creo que no supondrá mucho contratiempo que se lean con el orden alterado.
Se lo preguntaba porque hay obras de otros colegas, como las de Ian Rankin, que en caso de no leerlas por orden uno se perdería buena parte del meollo de lo que cuenta.
Sí, estoy de acuerdo contigo, aunque hay mucha gente que lo hace. Yo por ejemplo la primera obra suya que leí no fue la primera, pero me empujó a buscarla y a leerlas todas desde el principio. A mí me gusta hacerlo así, pero hay mucha gente que no lo hace, de modo que mis obras las concibo para que funcionen en cualquier orden.
Sea como fuere, su principal personaje es el mismo, el inspector Tom Thorne y en España es prácticamente un recién llegado. ¿Podría presentárnoslo?
Claro. Yo diría que es un policía muy emocional, pero quizás no un gran policía. No siempre tiene la razón, al contrario, está muchas veces equivocado; no hace siempre lo que se le ordena o lo que se supone que debería hacer; se podría decir que es un poco desastrado, pero se preocupa. No se llama Thorne por casualidad (el termino inglés similar thorn se traduciría como “espina”, n.a.), porque es un personaje a veces molesto para los demás. No se da cuenta de cuando molesta en un sitio y al tiempo tampoco sabe apreciar cuando la gente sí le requiere en serio. En lo anecdótico tiene dos grandes pasiones, la música country de Hank Williams, Johnny Cash, y su equipo de fútbol, el Tottenham FC.
Tengo entendido que usted iba para actor y que empezó haciendo pequeños papeles de delincuentes en series policiales británicas de televisión. ¿Fue esa su primera relación con el género policial?
Quizás, hice tanto policías como ladrones, pero bueno, creo que lo que me aportó fue darme cuenta de que quería hacer algo sobre lo que tuviera algún control, ya que como actor no tenía ninguno. Es un trabajo terrible. De modo que me dirigí hacia la stand up comedy (monologuista de club, n.a.), donde es más fácil controlar tu destino. Pero quizás el hecho que más fuertemente determinó que empezara la serie de novelas protagonizadas por Thorne sucedió un año antes de que empezara a escribir, cuando fui víctima de un ataque en un hotel, en el que fui secuestrado durante unas horas por tres tipos, y que me impulsó a contarlo. No obstante, yo siempre fui un lector de novelas negras.
Eso he oído, que es un gran fan. ¿Cuáles son sus principales referencias?
Oh, de todo, desde las novelas de Sherlock Holmes, Dashiel Hammet, Raymond Chandler... hasta autores modernos, la mayoría de ellos americanos, como George Pelecanos, James Lee Burke, Michael Connelly…
Volviendo a su trabajo, el hecho de haber sido primero popular como comediante, ¿cree que le ha podido marcar de cara a su reconocimiento como autor?
No, no creo. Es más, pienso que me ayuda cuando participo en presentaciones, porque siempre que las hago empleo los primeros veinte minutos haciendo un poco de comedia, una especie de monólogo, y la gente ríe bastante en ese rato, y de pronto doy paso a la lectura del principio del libro que suele ser bastante oscuro, lo que me ayuda a enfatizar esa oscuridad por contraste. Creo que funciona muy bien.
He visto que todavía hace actuaciones de stand up de vez en cuando.
Pero muy ocasionalmente. Trabajé en eso durante veinte años y ahora no tengo realmente tiempo, porque vieajo mucho con la promoción de los libros y tengo también que escribirlos. Pero sí, aún hago alguna actuación ocasional en el Comedy Store, el club más importante de Londres. Todavía me gusta.
Como dice, no debe de tener mucho tiempo, porque desde que publicó la primera aventura de Thorne va a libro por año. ¿Cómo consigue ese ritmo?
Soy bastante disciplinado y, aunque no escribo todos los días, siempre cumplo con los plazos que me impongo y tengo mi rutina diaria muy planificada. Creo que es algo que comparto con los escritores a los que más respeto. Es un trabajo y lo trato como tal. No es algo místico o genético, ya sabes, uno no se sienta esperando la inspiración o las musas, uno se sienta y trabaja. Es un buen trabajo, pero es trabajo de todos modos.
Y al margen del secuestro que sufrió y que inspiró uno de sus libros, ¿cómo es su rutina de trabajo? ¿De dónde saca la materia que le inspira?
De cualquier parte. Sé por ejemplo, que la próxima semana voy a empezar a escribir una nueva novela de Thorne y aún no tengo una idea en mi cabeza. Pero habitualmente suelo empezar a trabajar a partir de una imagen. Por ejemplo Bajo Tierra lo empecé a escribir sólo con la idea de un chico con la cabeza envuelta en una bolsa de plástico y ni yo mismo sabía porque era así. Simplemente era una imagen que a saber de dónde viene, un día puede ser de una columna del periódico, otro, una anécdota que te ha contado alguien. Yo no parto de una historia, sino de una imagen.
Precisamente esta semana hablando con otro autor de novela negra, me comentó que él necesitaba conocer toda la historia antes de ponerse a escribirla y que no podía ponerse en la piel de escritores que improvisaban. Veo que su caso es el diametralmente opuesto.
Sí, bueno, creo que su caso es el minoritario. Yo conozco a un montón de autores que escriben como yo, prácticamente todos. Hacemos lo que se conoce como “conducir por la noche”: intuyes a dónde vas pero sólo conoces lo que tus faros son capaces de iluminar. Esto quizás te lleva en algunos momentos a callejones sin salida, pero finalmente siempre llegas a donde quieres ir.
Ya para finalizar, me gustaría volver a su personaje y su serie, de los que tengo entendido que se va a rodar una serie televisiva en el Reino Unido, lo que viene a confirmar su popularidad. ¿Qué siente al respecto?
Bueno, tengo sentimientos encontrados, pero no siento ninguna carga sobre el resultado final. Si es bueno o malo no tendrá mucho que ver conmigo. Respecto a la popularidad, tampoco creo que sea lo que les ha movido. Creo que simplemente les ha gustado el personaje y también las historias. Pero ahora serán adaptadas para la televisión y yo, que he trabajado en el medio, sé lo malo que es eso. Así que he adoptado la mejor postura que es la de alejarse, de modo que si resulta terrible diré que no tiene nada que ver conmigo, y si es brillante podré decir: “ese es mi libro ¿sabes?”.

Novela negra en serie: Rebus Vs Brunetti (Rankin Vs Leon)

Soy un maniático. Me gustaría leer de todo, a todos, y lo intento, pero cuando cae en mis manos un libro que me gusta y veo que forma parte de una serie de novelas protagonizadas por el mismo personaje, no paro hasta organizarme en el modo de comprarlas y devorarlas todas en busca de igualar o mejorar la sensación que me proporcionó la obra recién leída. Les confieso esto y les digo que me siento un poco freak, como si nada me diferenciara de un lector de Harry Potter, aunque lo matizaré. En primer lugar creo que se debe a la herencia que dejó en mí leer las novelas de Manuel Vázquez Montalbán protagonizadas por Pepe Carvalho de modo desordenado, empezando por las de mediados los noventa, lo que me hizo perderme el dramatismo de determinados momentos (aunque no fuera consciente de ello). En segundo, si me lanzo a comprar novelas de un mismo autor es aprovechando una oferta, promoción o similar. Si no, espero y voy poco a poco dándome el gusto.

Dicho todo esto, les cuento que el motivo de esta diatriba es que durante los últimos meses dos autores y sus personajes más destacados han sido fruto de esta manía personal. Estos no son otros que el comisario Brunetti, creado por Donna Leon (en la imagen), y el inspector Rebus, fruto de la imaginación de Ian Rankin. De ambos he leído no hará más de un par de semanas sendas novelas y tras hacerlo, y tener un conocimiento suficiente de su planteamiento, me ha parecido más interesante que analizarlos por separado, hacer de ambos una comparación, pues si los dos forman parte de obras en serie -trasladadas a la pequeña pantalla-, hay entre ellos una diferencia notable.

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Y esta no es otra que, mientras que en el caso del personaje de Donna Leon y las obras que protagoniza, cada novela se puede degustar de modo individual, las de Rankin forman parte de una macrohistoria, que tiene como eje central al personaje de Rebus, pero en la que el resto de personajes y la ciudad de Edimburgo, en la que se sitúa la trama, evolucionan constantemente.

Esto, que en principio podría resultar positivo para el personaje de Leon, no lo es a mi parecer, pues la escritora norteamericana asentada en Venecia al final acaba reproduciendo el mismo esquema de novela una y otra vez. Era algo que intuía por lo leído hasta ahora, pero que he visto confirmado con la lectura de Muerte en La Fenice (Seix Barral/Booket), la primera obra protagonizada por Brunneti y que, para no variar, no fue la primera que cayó en mis manos de Brunetti. Esto me hacía intuir que sería en ella donde Leon sentaría las bases del personaje, de cuyas buenas relaciones con su pareja y sus pequeños problemas familiares deja constancia en cada obra. Sin embargo, ya en ella aporta lo mismo -y poco- que en sus posteriores entregas, con apenas ligeras introducciones de personajes secundarios. Esto finalmente acaba lastrando el interés por el personaje, que sólo seguirá a la larga despertando el interés de los fanáticos (entre los que no me encuentro, pese a las simpatías).

En una dimensión completamente juega Rebus, el personaje de Ian Rankin. Es cierto que por lo que he leído de él -Black & Blue, El Jardín de las Sombras y, por último, En la Oscuridad (RBA)- hay un planteamiento que en cierto modo se ha repetido; y es el de plantear al menos dos tramas de investigación separadas por entrega. Sin embargo, todo el entramado de la serie parece estar en la mente de Rankin desde tiempo atrás; un entramado que el autor va desgranando novela tras novela. Se podría decir que hay, tras la serie, una macrohistoria al margen de las pequeñas historias que tienen lugar en cada novela y que éstas van afectándola. De ese modo, leerlas de modo aislado o sin el orden conveniente puede hacer de ellas algo, además de duro, ininteligible. Sin embargo, la carga dramática y el retrato social que plantea el global es mucho más ambicioso (y por ahora en mi caso, ya veremos más adelante, satisfactorio).

Así pues, haciendo el símil televisivo (y sin tener en cuenta sus adaptaciones para la pequeña pantalla, que ambas series literarias las tienen), mientras las novelas de Leon serían el equivalente de Se Ha Escrito Un Crimen, las de Rebus tenderían a Los Soprano. De modo que están avisados. Yo, por mi parte, lo tengo claro.

PD: Ya escribí con anterioridad de otra novela de Rankin en este mismo blog. Fue sobre El Jardin De Las Sombras. Respecto a aquél, sólo señalar que En La Oscuridad me parece superior. También apuntar que, aunque me ha parecido extraño, creo que RBA no ha publicado todos los títulos de la serie de Rebus publicados los últimos años. Espero que eso no afecte a la continuidad de la macrohistoria de la serie. Si lo saben, les agradeceré que me lo cuenten.

NOTA: La foto de Donna Leon es de Mariusz Kubik.

Francisco González Ledesma - "Una Novela De Barrio" (RBA)

Su nombre está ahora en boca de todos, pero hace poco más de una década encontrar una de sus obras era misión imposible. Al menos un lustro me pasé, a mediados de los noventa, buscando infructuosamente una nueva novela en la que pudiera seguir degustando el pulso narrativo y los conocimientos de la España en transición que me habían fascinado en Crónica Sentimental En Rojo, la obra con que Francisco González Ledesma se alzó como vencedor del Premio Planeta en 1984 y que de un modo rocambolesco había llegado a mis manos tanto tiempo después. Pero era imposible. Su bibliografía estaba por entonces descatalogada y mencionar su nombre en las librerías, incluso en las de viejo, era enfrentarse a rostros de desconcierto.

Sin embargo, tras un parón de casi una década sin que se editara material suyo, en 2002 Ledesma regresa con una nueva novela, El Pecado O Algo Parecido, y recibe el empujón de sus colegas en la Semana Negra de Gijón, donde es elegida como la mejor del año. A partir de ahí el autor continuaría escribiendo con regularidad, se empezarían a reeditar sus obras, y llegarían los primeros reconocimientos -en paralelo a su redescubrimiento- a su figura como lo que es: uno de los principales baluartes de la novela negra -o como él prefiere, novela social- española.

Y es en esa tesitura como se publicó recientemente su nueva entrega, Una Novela de Barrio, que sale al mercado con la vitola de ser la ganadora del Primer Premio Internacional de Novela Negra de la editorial RBA. No obstante, pese a lo que este galardón pueda sugerir, Una Novela De Barrio no es una obra sorprendente en su esencia, sino la nueva entrega de Ledesma protagonizada por su personaje más célebre: el inspector Méndez. Un personaje que irrumpió por primera vez como secundario en Expediente Barcelona, llevó el peso de la investigación de Crónica Sentimental en Rojo, y protagonizó, con su mirada desencantada, la crónica de una Barcelona que desaparecía en Las Calles De Nuestros Padres.

Como en ellas, Méndez, a pesar de presentarse cercano a su jubilación en sus primera aventuras de principios de los ochenta, continúa pateando las calles de los barrios más deteriorados de Barcelona, las únicas en las que se sabe desenvolver. Y precisamente por eso, cuando aparece el cadáver de un ex presidiario, víctima de un asesinato en una vieja finca a punto de demoler, sus superiores no dudan en encargarle el caso. Tendrá así el álter ego de Ledesma, una nueva oportunidad de pasear por los barrios más deteriorados de una Barcelona que es cada vez menos suya; de conversar y compadecer a los últimos derrotados de la posguerra a los que, en muchos casos, la represión condujo a la delincuencia; y de tratar, en el escaso margen que el sistema le permite, de imponer una justicia que muchas veces no es la misma que dicta la ley.

Proporcionará así la novela escasas sorpresas a los viejos seguidores del escritor y periodista catalán, pues esta su crónica de la realidad de la Barcelona más desfavorecida, ya ha protagonizado otras entregas de la serie, como la más recientes Cinco Mujeres y Media. Sin embargo, no dejará de tener valor para aquellos que se enfrenten por primera vez a una de sus novelas policíacas, pues les pondrá frente a una obra que es resultado de la necesidad de su autor de contar lo que vivió en primera persona. Un Francisco González Ledesma que nació y vivió en el bando de los perdedores, y aún cuando encontró en su vida el éxito profesional, ya fuera como abogado o como periodista, no dejó de tener un contacto con ellos y con sus miserias. A ellos ha consagrado su obra literaria y lo sigue haciendo. Y por si alguien todavía desconoce su esfuerzo, a pesar de que su obra reeditada cope ahora las estanterías, aún le llueven más premios. Galardones que aunque se entreguen, como en este caso, a una obra en particular, reivindican la figura de un autor que sin duda los merece.

Petros Markaris - "Defensa Cerrada" (Ediciones B)

"Es una casa de dos plantas y no está cerca del mar, sino en lo alto del monte, a dos pasos de Jora. La construyeron el cuñado de Adrianí y su hermano en la época dorada de las subvenciones agrícolas del Mercado Común. Mi cuñado es ferretero y su hermano tiene un café, nada que ver con los nobles campesinos. Sin embargo heredaron un terruño de su padre en el que pusieron a trabajar a unos albaneses, recogieron la cosecha, la tiraron al mar y se embolsaron la subvención. Así pudieron construir la casa."

Con detalles como éste describe Grecia Jaritos, el comisario protagonista de las novelas policíacas de Petros Márkaris. Un hombre sencillo, de mentalidad conservadora y trabajador honesto, que en primera persona nos relata, en este Defensa Cerrada, su investigación sobre dos asesinatos inconexos (el de un arbitro de fútbol de tercera división cuyo cadáver aparece en una pequeña isla y el de un oscuro empresario asesinado a la puerta de uno de sus locales) cuya autoría sus superiores no parecen tener muchas ganas de esclarecer.

Sin embargo, como manda la tradición de la novela policíaca mediterránea, aquí los crímenes son el hilo conductor de una historia en la que las sencillas relaciones personales de un maduro comisario con su esposa y su hija universitaria, y la descripción de una Atenas sumida en un caos social, administrativo y político, tienen tanto o más peso que la intriga.

Y Márkaris, traductor al griego de la obra de Bretch y colaborador habitual del realizador Theo Angelopoulos, demuestra su habilidad para ensamblar todos los elementos creando una novela de lectura sencilla, pero al tiempo cargada de detalles. Porque, huyendo de las descripciones explícitas, el autor imprime un ritmo constante a la trama y al tiempo deja que sean las situaciones en las que se ve envuelto el comisario, muchas de ellas cotidianas (atascos, huelgas, visitas al hospital), y su relación con el resto de personajes, las que proporcionen al lector la información que desea transmitir.

Es así, con su sencillez, su valor testimonial y su capacidad de entretener, como Defensa Cerrada se erige en una novela, si no sobresaliente, sí ejemplar del género policiaco mediterráneo, permitiendo a su autor (del que también se han publicado Noticias de la Noche y Un Caso del Comisario Jaritos y otros Relatos Clandestinos) codearse con los grandes contemporáneos del género. Y no es poco.

Juan Madrid - "Nada Que Hacer" (Seix Barral)

Cuando la novela negra vivió un apogeo a principios de los ochenta merced al éxito de la incursión en el género de Manuel Vázquez Montalbán y su serie protagonizada por Pepe Carvalho, la industria española abrió sus puertas a nuevos autores que lo trabajaran desde un punto de vista autóctono. Uno de los que irrumpió con más fuerza fue Juan Madrid, que por aquél entonces ejercía como periodista de sucesos; aunque él, a diferencia de otros colegas como González Ledesma o el propio Montalbán (por citar los dos ejemplos más notables) mostró un interés por reivindicar el suceso criminal como esencia del género, tratando de despojar a sus novelas de cualquier trama paralela.

Fruto de esta intención publicó en 1984 esta Nada Que Perder (Seix Barral/descatalogada), que constituye su primera novela fuera de su serie protagonizada por Toni Romano, y en la que todo el peso de la acción de la trama recae sobre una venganza, la que el ex-convicto Silverio Roca ha planeado contra Miguel "El Chino", un proxeneta que se mueve como pez en el agua por los bajos fondos madrileños, que le traicionó tras hacer "un trabajo" para él. Poco sucede como digo al margen de la propia trama, y aunque la historia toca de puntillas corruptelas bancarias de altos vuelos, o la difícil vida en los barrios más humildes de la capital española en los primeros ochenta, a penas son un decorado para que en él se muevan los personajes.

Si a ello le sumamos que ni los personajes ni las situaciones tienen una carga extrapolable a otros ámbitos que puedan enriquecerla (como sucedía en la magnífica Cosecha Roja de Hammet), el experimento de búsqueda de la esencia negra de Madrid queda un tanto deslucido, pues no tenemos más que una sucesión de acciones en las que el único atractivo es ver qué pasará a continuación.

Tras este relativo tropiezo, Juan Madrid regresaría al personaje de Toni Romano en Regalo de la Casa (1986), para poco después guionizar la exitosa serie policial emitida por TVE Brigada Central. Recientemente acaba de publicar su última novela, Pájaro en Mano (Ediciones B), ambientada en la Marbella actual.

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