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Paco Roca - "Las calles de arena" (Astiberri)

Relativamente apagados los ecos de la aparición de su multilaureado Arrugas (que le valió entre otro el Premio Nacional de Cómic 2008), Paco Roca regresaba la pasada primavera con un nuevo álbum bajo el brazo, que significaba a su vez su vuelta a la ficción más pura, tras el baño de realismo de su anterior entrega. Y es que en Las Calles de Arena, a excepción de los guiños iniciales al entorno del propio autor, Roca nos zambulle directamente en un mundo fantástico a través de la peripecia de un joven, estresado por las exigencias que trata de marcarnos la sociedad actual, que de pronto, tras perderse por unas estrechas calles de su ciudad, desemboca en un extraño habitat paralelo en el que no parece pasar el tiempo y del que ninguno de sus extraños habitantes parece poder escapar.

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Lo más interesante del relato -para el que Juan Manuel Díaz De Guareño encuentra numerosas referencias literarias en un prólogo apabullante- es que el lector se puede enfrentar a él (y disfrutar) buscando sólo una aventura fantástica; pero si lo desea, también puede degustarlo más plenamente deteniéndose a observar su estructura interior, elaborada al detalle por un autor que parece invitarnos a comparar, como su personaje protagonista, el mundo en que vivimos con el aparentemente caótico mundo que nos platea en la obra. Todo ello viene, como es propio del cómic, apoyado en unas dibujos excelentes que suponen, a mi parecer, el mejor trabajo gráfico del autor hasta la fecha. Así pues, Paco Roca supera con Las calles de arena el reto de regresar a la "normalidad" tras la extraordinaria repercusión de Arrugas, haciéndolo además con una obra que, si bien
por su temática no trascenderá del mismo modo que su predecesora, seguramente sea a la larga más apreciada -por su riqueza de matices y su más profundo poso- por sus lectores.

Si hay un cómic grande entre los grandes, con todos los que hemos sacado por aquí…para mí es éste. Dentro de poco hará un año que se publicó por fin en España y nos alegró la vida. Hay libros como Fun Home que devoras en dos sentadas y que, sin embargo, te gustaría que duraran para siempre, como en la viñeta de Liniers. Son los que marcan diferencia. Decía que me había alegrado la vida, aunque esta novela gráfica es más tragedia que comedia pero es lo que hay cuando se encara la realidad conscientemente, y es precisamente el drama lo que pone las cosas en perspectiva. Alison Bechdel cambia de registro, de los desenfadados álbumes Unas bollos de cuidado sobre su entorno lésbico, al relato intenso y personal de una novela gráfica de las que hacen época y que fue elegida entre los mejores libros del año 2006 por cabeceras como The New York Times.

Cuando leemos Fun Home no podemos dejar de pensar en la querida familia Fisher de Six feet under, con la que los Bechdel comparten negocio. El entorno que rodea a la autora en su infancia, y que tan bien muestra aquí, le marca y resulta idóneo para tratar sobre la muerte, la vida, el encierro, la represión… ella vive todo eso de cerca, entre la extrañeza y la naturalidad según el caso. El poeta William Wordsworth decía aquello de “el niño es el padre del hombre”, una verdad fundamental que nos explica muy bien y que aquí contemplamos en la evolución de la pequeña Ali: las relaciones de la particular familia, el ambiguo matrimonio que forman sus progenitores, su despertar sexual como lesbiana en la universidad, la muerte del padre, su conflictiva e intensa relación con él (“es verdad que no se suicidó hasta que tuve casi veinte años. Pero su ausencia resonó retroactivamente, reverberando a través de todo el tiempo que le conocí”)….y todo a través de unas viñetas preciosas, llenas de poesía, que conmueven, que maravillan.

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Lo mejor de Fun Home es el hilo del relato, el continuo tanteo en idas y venidas, la verdadera exploración que la autora hace de su propia biografía y de qué manera entrelaza su histo
ria y la de su padre, su alumbramiento en presente y la decadencia y tormento de él en el pasado. Hay una total impudicia por parte de Bechdel al mostrar los secretos de su familia, como una catarsis necesaria con la que expiar el sufrimiento. No en vano les dedica el libro a su madre y hermanos diciendo “lo pasamos muy bien a pesar de todo”. ¿Y dónde queda entonces la parte cómica? Pues como la vida misma, en la desgracia también cabe la risa, y es en los pequeños detalles cotidianos donde encontramos lo entrañable de una familia: en la cara de alucine de los hijos ante el furor esteticista del padre y su inflexibilidad ante la combinación de colores a la hora de vestirla (“Yo era espartana y mi padre era ateniense. Yo era moderna y él victoriano. Una marimacho para su princesa. Yo era utilitarista y él un esteta”), en las ocurrencias infantiles y las situaciones esperpénticas que se daban en una funeraria habitada por tres niños. Y todo ese recorrido, plagado de citas y referencias literarias muy bien traídas, con un lugar preponderante para Marcel Proust pero también con la erótica interpretación que hace la autora con su novia del libro de Roald Dahl James y el melocotón gigante. Vamos, una delicia.

Marjane Satrapi -"Bordados" (Norma)

La dibujante iraní afincada en París ya ha aparecido por aquí antes. Precisamente fue después de publicar con gran éxito los álbumes que componen Persépolis cuando sacó a la luz Bordados, un librito de pequeño formato en el que Satrapi vuelve a posar su mirada en la realidad de su país. Sin embargo esta vez se centra exclusivamente en sus mujeres, en las tradiciones que las limitan –tema que ya había tratado con maestría en el anterior-, en sus relaciones sentimentales, su familia, su visión del mundo… No me voy a extender mucho porque volvería a ensalzar lo que en Persépolis y que es lo que me parece más interesante de esta artista, su capacidad de aunar la historia con mayúsculas de su país con el relato de los hechos cotidianos, pequeños y personales. Sí que es cierto que esta vez encuentro su relato aún más universal porque esas vicisitudes y discriminacines las vivimos, o hemos vivido, aquí mismo hasta hace nada. No vayamos a caer en la condescendencia de siempre con la mujer en el Islam.

En Bordados sale sobre todo el segundo aspecto, la vida de puertas adentro de las mujeres iraníes, las intimidades de un grupo de amigas reunidas entorno a un té y unas pastas. Sus conversaciones picantes, sus increíbles anécdotas sobre infidelidades, virginidad y matrimonios concertados… no tienen desperdicio. Además, el tamaño de media cuartilla y el uso libre que hace de la estructura en sus viñetas dan un punto muy atractivo al libro, con un dibujo sencillo pero lleno de fuerza.

Hace ya bastante tiempo que cayó en mis manos la vida de Maggie y Hopey. No he leído los originales. Aquellas historias que los hermanos Hernandez publicaron en la revista que ellos mismos crearon y editaron, Love & Rockets, revolucionando el mundo del cómic allá por los 80. No he tenido esa suerte. Más bien me he conformado con los retazos que ha publicado la editorial La Cúpula, Mechanics (1990), Las mujeres perdidas (1992), Locas: La muerte de Speedy (una serie de cuatro cómics de 1997 a 1998), Locas: Maggie y Hopey (serie seis cómics e 1998 a 2000) y la serie de cinco cómics Penny Century (2005). Ya he hecho el repaso y no pretendo diseccionar todas estas historias con personajes descarados y descarnados, que transitan en el límite de la contracultura y la tradicionalidad de su origen hispano. Pero ahora ha llegado una nueva entrega y la tuve para Navidad, La educación de Hopey Glass, de la misma editorial. Eso sí, tengo que echar un vistazo a los tres tomos que esta misma editorial ha sacado recopilando todas las historias (Locas 1, Locas 2 y Locas 3).

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Jaime Hernandez retoma unos años después las vidas de sus personajes favoritos. La loca de Hopey y la dulce pero temperamental Maggie. Ha pasado ya mucho tiempo desde que se inició todo. Conocimos a las protagonistas (sin contar los flash-backs que hacen eco de anécdotas de su infancia) con unos quince años, cuando el punk y la rebeldía las unió en amistad y amor para siempre, pero ahora ya superan los treinta y tienen trabajos y relaciones adultas. Hopey Glass es ayudante de maestra en un colegio de infantil, trata de sacar a flote su relación amorosa con Rosie mientras sigue con sus antiguas costumbres. Maggie Chascarrillo ahora se encarga de un bloque de edificios, donde habita una misteriosa heroína, Alarma. Fantasía y realidad se entremezclan en las historias como siempre. Yuxtaposiciones de líneas argumentales que conforman la vida de estos personajes, que cada vez va cogiendo mayor profundidad psicológica.

Pero La educación de Hopey Glass se centra más, como es obvio por el título, en el personaje de Hopey. Dividido en unas cuantas historias separadas, la primera parte es sin duda la mejor, donde se desmenuza el día a día de una aspirante a maestra que no se ha desligado de su romance intermitente con Maggie, no es capaz de serle fiel a su novia actual y sigue frecuentando bares de mala muerte, callejones oscuros y personajes dudosos. No soy una entendida en este Noveno Arte, por lo que no me aventuraré en terreno desconocido sobre trazos, dibujos, elección del blanco y negro y adecuación de los guiones, pero sí citaré un comentario que el gran Alan Moore hizo sobre la serie: "El dibujo de Jaime combina blanco y negro para dar origen a un universo de tonalidades entre ambos. Del mismo modo, sus guiones hablan de los grandes sentimientos humanos pero también de pequeños eventos cotidianos, y están dotados de una increíble fuerza emocional. En definitiva, nos hallamos frente a uno de los autores de cómic más importantes del siglo XX en su momento álgido, y cada una de sus líneas encuentra un perfecto equilibrio entre lo clásico y lo cool."

Maggie, Hopey, Ray, Grace, Alarma, Angel de Tarzana, Penny Century, Elmer… son unos personajes infinitos, de los que se puede extraer pura vida. Una locura de vitalidad y derroche de energía. Si no conocéis a Maggie y Hopey, ¿a qué esperáis?

Paco Roca: "Creo a partir de mi miedo"

Esta misma semana se hizo pública la decisión del jurado encargado de dilucidar el Premio Nacional del Cómic, que en esta su segunda edición fue >a manos de Paco Roca, por su obra Arrugas. Con motivo de este galardón que se suma a una larga lista de premios nacionales e internacionales, recupero esta entrevista que mantuve con el autor a los pocos meses de salida de la obra, y que apareció en su día en el suplemento de ocio del diario Superdeporte.


Que Valencia es tierra de dibujantes no dejaría de ser un tópico más si no fuera porque, a pesar de la inexistencia desde hace muchos años de una industria autóctona del cómic y el escaso apoyo institucional al noveno arte, efectivamente, un puñado de locos sigue luchando desde aquí por ganarse la vida entre los márgenes de las viñetas. Uno de los últimos en haber logrado el reconocimiento en su tierra, pese a contar con él desde hace tiempo más allá de nuestras fronteras, es Paco Roca. Guionista y dibujante de sus propias obras, Roca ha logrado ahora este reconocimiento masivo a raíz de la publicación de su última obra, Arrugas, que pone de nuevo de manifiesto que el cómic es un excelente vehículo para contar historias que verdaderamente importan.

La excusa que propicia esta entrevista es la reciente publicación de Arrugas, su último trabajo que salió a la venta antes de Navidades y parece que está yendo muy bien…
Sí, en Francia van por la segunda edición, y las tiradas allí son grandes, de diez o quince mil ejemplares; mientras que en España, donde se editó un poco después y el mercado es más reducido, vamos por la mitad de la primera tirada. De modo que sí, muy bien. Además en Francia fue seleccionada entre los veinte mejores álbumes del año y aquí en España fue elegido cómic del año por dos publicaciones tan dispares como el diario 20 Minutos y por Mondo Sonoro.

Por lo que sabemos, al profano al mundo de la novela gráfica, que identifique cómic con superhéroes o humor infantil, Arrugas le supondrá una sorpresa, porque su historia va por unos derroteros más realistas.
Sí, seguramente sí, pero como dices, de un tiempo a esta parte se ha popularizado el género de la novela gráfica, en el que tienen cabida temáticas al margen de los géneros entendidos en el sentido clásico. Es una corriente que lleva como unos diez años y en el que hay grandes exponentes como Maus, que obtuvo el Premio Pulitzer siendo el primer cómic que lo obtuvo, y que toca temas de corte social, político, o sencillamente, más orientado al público adulto, con un formato de libro y con muchas más páginas.

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Es el caso de Arrugas, que cuenta la historia de una persona mayor que comienza a padecer Alzheimer y es ingresada en una residencia. ¿Cómo le da por tratar este tema?
Se juntan un montón de cosas. Lo que a mí me motiva a crear no es lo que más me gusta o me divierte, sino las cosas que llevo dentro y hacia las que muestro un cierto temor, creo a partir de mi miedo. Uno de mis miedos sería la vejez, que tengo presente en mis padres, cada vez más mayores, y que a pesar de haber sido siempre gente activa, ves que ya no pueden hacer lo que hacían antes. Todo eso te va afectando y haciendo sensible al problema. A eso se juntó que el padre de mi amigo MacDiego, que era una persona a la que siempre recuerdo leyendo en su biblioteca o compartiendo su enorme sabiduría, y que para mí era un referente de lo que quería ser una vez llegara a su edad, también se vio afectado por el Alzheimer. Y fue un trauma ver como esa persona a la que respetabas empezaba a caer en esa decadencia tan horrible que es la enfermedad. Todo ese cúmulo de cosas me imprimió la necesidad de contarlas.

No obstante, aunque la melancolía se impone, habrá momentos de alivio en el libro.
Sí, tampoco quería que fuera un cómic demasiado triste. Intentaba buscar un poco el optimismo, aunque realmente era muy difícil. La historia es triste, sí, pero quería que tuviera un punto especial. Recuerdo que cuando tenía la idea ya medio pensada, sobre un anciano que entraba en una residencia, tenía en la cabeza bastantes tópicos sobre la vejez y pensaba en una historia un tanto desmadrada. Pero después de ir a residencias de ancianos, para recopilar información, esa comedia se fue convirtiendo en este libro en el que todavía tiene algo de cabida el humor, pero se aprecia que va ganando el tono melancólico.

Lo cierto es que, gracias a este trabajo, está recibiendo una gran atención mediática. ¿Cómo lo lleva?
Por un lado está muy bien, porque sirve por ejemplo para hablar del cómic como un arte para adultos. Además, como ha habido últimamente un auge en los medios del tema del Alzheimer, con el caso de Maragall o las películas que están haciendo sobre el tema, es un momento perfecto para poder darlo a conocer. De modo que sí, que por un lado me reconforta, pero por otro me asusta al pensar que todo ha sido un poco casual, que he contado simplemente la historia que en ese momento me apetecía, sin pensar en la repercusión que iba a tener. Y eso sí, me asusta de cara a mis próximos proyectos, porque el que ahora estoy haciendo no tiene nada que ver con todo eso.

Pues nosotros aprovecharemos para hablar no sólo de este libro, sino de toda su trayectoria, porque cabe señalar que, entre la presentación de Arrugas en el Reina Sofía, y sus primeros trabajos remunerados hay una diferencia notable.
Sí (risas), pero en cierto modo esa distancia es el camino que ha recorrido el mundo del cómic en España en estos años. Cuando empecé a principios de los noventa, apenas había ya revistas. Había pasado el boom de los ochenta y el tebeo había caído. Era una cosa para minorías, ‘freakies’ y demás.

Y lógicamente, dijo “ésta es la mía”.
Sí, aquí voy a meterme (risas). La verdad es que no sabía por dónde empezar y tenía un amiguete que dibujaba para una revista que se llamaba Kiss Comix, que era de tema porno. Entonces vivía con mis padres, tenía veintipocos años, preparé una historia erótica sobre Aladino y me fui a Barcelona a llevársela al director, que era el mismo que el de Víbora. Era un señor mayor, serio, con acento catalán y muy parco en palabras. Cogió mis páginas, las miró detenidamente y, tras dejarlas sobre la mesa, me dijo: “Bien, pero quiero más venas y más humedad” (risas). Cuando regresé a casa, con la frase retumbándome en la cabeza, no les dije a mis padres las correcciones, más bien les dije poco de todo el trabajo, las hice y empecé a trabajar en Kiss Comix. Y fue un buen inicio, divertido, y como es una época en la que vas ‘calent’ todo el día, documentarte no es un problema.

De todos modos, hay que señalar que hay un contraste notable entre lo que hizo por encargo para Kiss Comix y sus intereses, que comenzó a plasmar en sus primeras obras, situadas en contextos históricos claramente identificables.
Bueno, tanto en mis primeros trabajos para Víbora como en Gog, mi primer álbum, los guiones los hice con Juan Miguel Aguilera, un escritor de ciencia ficción y novela histórica, y ese inicio también se me quedó en parte; me sigue gustando la ciencia ficción y la fantasía. Pero lo primero que hice en solitario, El Juego Lúgubre, sí supuso un cambio de registro, aunque mantuve de mi experiencia con Juan Miguel el gusto por el detalle. Si algo ha de quedar creíble ha de estar muy bien documentado. Así me documenté mucho sobre Dalí, sobre el que gira el cómic, y viajé a Cadaqués para documentarme in situ. Y es algo que sigo haciendo.

Lo que deja claro es que lo de hacer historietas es un trabajo arduo. ¿Es lo que imaginaba cuando ansiaba ser dibujante?
En cierta forma no, las cosas no son como parecen y cualquier afición puede convertirse en un trabajo. Cuando empiezas sí sientes una ilusión especial. Ver publicadas las cuatro páginas de Kiss Comix, aunque fuera una revista -con perdón- de pajilleros, cuando aparecieron, supuso uno de los momentos más bonitos de mi vida. Pero todo eso empieza a cambiar. A medida que te profesionalizas has de cumplir unos plazos, tienes una responsabilidad basada en tus anteriores trabajos y tus lectores. Cada vez estás sujeto a más presión. Sigues disfrutando, pero cada vez es más un trabajo.

¿Y es posible ganarse la vida con ello?
Sí, pero es difícil hacerlo publicando un solo libro al año, a menos que sea uno de los grandes. Pero a mí me gusta hacer las cosas que me apetecen y dedicarle el tiempo preciso a cada cómic. Y además, la gente que conozco que sólo se dedica a esto, no es que se vuelva freaky, pero sí que pasa mucho tiempo sola, porque el trabajo lo requiere. Y como la ilustración publicitaria te proporciona cada día un trabajo nuevo, a mí me gusta compaginar ambas cosas.

De todos modos estará trabajando ya en nuevo material. ¿Qué podemos esperar próximamente?
Estoy preparando un nuevo álbum para la editorial francesa que me publicó ‘Arrugas’. Éste tiene que ver con el destino, y en principio narrará la historia de un chico que entra en un barrio, se pierde en él, y se va topando con otros que, como él, no pueden salir. Después tengo pensado recopilar unas historias que en su día publiqué bajo el título Como Cagallón Por Acequia (frase coloquial valenciana –“com cagalló per sequia”- empleada para referirse al que va sin rumbo fijo, n.a.), inspiradas en mi vida real, que ensamblaré, añadiendo nuevo material y actualizando el que ya tengo, para formar un nuevo álbum que también se editará en España y Francia.

A ver si le hacemos entonces tanto caso como ahora.
Será diferente, porque ya no será un tema social, pero como siempre trataré de crear algo que llegue a todos los públicos y no sólo a los lectores de cómic.

AUTOR CON CATÁLOGO
Aunque el éxito, en forma de reconocimientos de crítica y público, le esté sonriendo ahora de un modo especial con la publicación de Arrugas, Paco Roca ya había publicado con anterioridad varios álbumes que fueron ampliando su buena reputación tan en España como en el extranjero. Gog, inscrito en la ciencia ficción y realizado junto al escritor Juan Miguel Aguilera, fue el que abrió fuego, antes de que Roca emprendiera el camino en solitario. El Juego Lúgubre estableciendo un paralelismo entre la presencia de Dalí en Cadaqués y la historia de Drácula, fue el siguiente. Tras él llegaría Hijos de La Alhambra, que primero se editaría en Francia, un libro de aventuras que ha de ser el primero de una serie protagonizada por el mismo personaje y que Roca considera que el público “aún debe descubrir”. Finalmente llegaría El Faro, una historia íntima ambientada en la Guerra Civil española que fue todo un éxito en Francia.


Art Spiegelman - "Maus" (Mondadori)

Desde hace unos años, cuando se habla de cómic para adultos o de (el controvertido término de) novela gráfica, la cita a Maus parece inevitable. La obra de Art Spiegelman tiene todo para ser así, desde el trasfondo histórico de su relato, que narra parcialmente la historia de un superviviente judío de los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial, al hecho de que se trate del primer y único cómic en obtener el estadounidense premio Pulitzer. De él se ha dicho, por tanto, de todo, y generalmente todo excelente. Sin embargo, para mi sorpresa, los puntos que hacen brillante esta obra para mi opinión no son precisamente los que se suelen destacar en la mayoría de comentarios a los que he tenido acceso, mientras que el que es a mi parecer su punto negro más notable es pasado por alto prácticamente siempre -por no afirmarlo rotundamente- en todos ellos. Así pues, sin redundar en exceso en las bondades ya comentadas sobre Maus en la mayoría de sus críticas, pasaré a comentarles mis discrepacias o variantes sobre el consenso general.

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Y empezaré señalando el detalle que ensombrece esta obra de Spiegelman, y que no es otro que el que deviene de la usurpación para una historia dramática de la animalización habitual del cómic de humor entre el gato (que suele encarnar al malo cómico) y el ratón (que es a su vez el bueno e inteligente). El problema es que ésta, que es una idea artística
en principio brillante, deja de serlo cuando uno ve que los gatos no encarnan a los nazis y los ratones al resto de la humanidad, sino que sólo son ratones los judíos independientemente de su nacionalidad, mientras que los polacos son cerdos, los franceses ranas o los americanos, perros. Este detalle de que los judíos tengan un nexo de sangre que les constituya en nación propiamente dicha (que mucha gente dará por válida porque es una mentira comúnmente aceptada), es un error de bulto, y bastante notable. Que los judíos sufrieran esa tragedia no da carta de verdad a su fe, como a través de esa animalización sugiere el cómic*.

Superado este importante detalle -que en mi caso casi acaba provocando la interrupción de la lectura de la obra-, uno se adentra en el cómic de Spiegelman y se encuentra con un relato doble; por un lado el del drama vivido por el padre del protagonista en Polonia, Alemania y sus campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial; y por otro con el de la relación entre el protagonista y su padre, al que intenta arrancar esta historia para poder contárnosla. Lo primero es, pese a lo que se ha dicho en bastantes ocasiones, bastante convencional (se ha escrito y filmado tanto sobre el Holocausto que es difícil contar algo nuevo), a excepción de un detalle de trasfondo que se acrecienta en la segunda mitad del volumen: la sensación que desprende el relato del padre, de que son los prisioneros más astutos y con una moral más laxa, los que tuvieron más facilidades para sobrevivir, mientras que los judíos más inocentes y solidarios, los más blandos, fueron los primeros en perder la partida. Es ése detalle el que introduce una novedad importante en lo escrito sobre este drama y el que, unido a la segunda parte del relato, la que nos habla de la especial relación entre el dibujante y su padre, el que hace de este cómic una pieza ciertamente reseñable. Y es que, al margen de dejar por escrito el drama vivido por sus padres, Spegelman ofrece un melancólico retrato de la figura de su padre, a través del cuál recuerda que el hecho de haber sido víctima de una tragedia de semejante magnitud no le convierte, ni a él ni a sus iguales, en personas perfectas e infalibles. Quizás la principal lectura de una obra controvertida pero absolutamente recomendable por su riqueza de matices.

*El autor justificó esa animalización de mil maneras para atajar las escasas críticas que recibió en este sentido cuando se publicó la obra (como podrán comprobra si leen este brillante análisis), aunque a mi parecer son todas bastante peregrinas.


Marjane Satrapi – “Persépolis”. (Norma Editorial)

Cada vez hay más comentarios en este blog sobre novelas gráficas, como se llama ahora a los cómics que cuentan una historia cerrada y compleja para adultos y que desde hace unos años están despertando el interés entre un público lector más amplio. La veda se abrió con Maus, que ganó el Premio Pulitzer en 1992, aunque a España el revuelo llegó algo más tarde, y cada año había algún nuevo título de culto. En mi caso el vicio comenzó hace ya años con la serie de Neil Gaiman, The Sandman, y más tarde continuó con Daniel Clowes y su Ghost world, y Alan Moore. Yo tenía pendiente leer Persépolis desde hacía un tiempo y pese a las expectativas generadas y los comentarios que loaban la obra, he podido comprobar este verano que no eran ni mucho menos una exageración.

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Marjane Satrapi consigue algo tan difícil y aparentemente sencillo cuando lo ves terminado como es aunar en un mismo relato las vicisitudes personales con el compromiso, la historia reciente con mayúsculas de su país, Irán, con la intrahistoria, con su pequeño –gran- relato personal. Es apasionante ver cómo va cambiando la vida de la pequeña Marji y su familia, de un Irán moderno a uno cada vez más anclado en el fanatismo y la sinrazón, cómo la niña reproduce las conductas que ve a su alrededor y la vez demuestra una gran personalidad desde bien niña; sus años de exilio en Austria y su choque con unos jóvenes europeos acomodados y radicales; la difícil adolescencia, el retorno a su país y su problemática readaptación, sus peores momentos de depresión y cómo finalmente va viendo la salida a su particular túnel sacando fuerza de su negativa a someterse a unas normas absurdas e injustas. Y todo lo hace con un dibujo delicado, por momentos expresionista, sutil en su sencillez pero a la vez preciso y certero, de una gran belleza que la autora también consiguió trasladar con excelente resultado al celuloide con la ayuda del animador Vincent Paronnaud y con el que consiguió el Gran Premio del Jurado en Cannes y la Nominación a Mejor Película de Animación en los Oscar de este año.

Además he recopilado artículos y entrevistas, en inglés y español, a Satrapi, una mujer de armas tomar, con opiniones muy interesantes y válidas acerca del conflicto Oriente-Occidente. Si una cosa resalta para mí de su obra es la maestría con que aúna en sus viñetas y sus textos la tradición de la que viene, sus raíces persas, y la modernidad y la apertura a lo nuevo, a lo diferente, la riqueza que sabe recoger de todo lo que le rodea.

Alex Robinson - "Malas Ventas" (Astiberri)

Malas Ventas me llamó la atención por primera vez por su volumen. Acostumbrado a la sensación de brevedad de los cómics de cincuenta y pico páginas, que apenas duran lo que cuesta llegar a casa en transporte público tras hacerse con ellos, ver semejante tocho -608 páginas- en las estanterías garantizaba al menos una lectura más larga. Una vez vistas por encima las opiniones en general favorables, lo segundo que me chocó de él, fue su mal dibujo. Tan solo transcurridas unas páginas (mejora ligeramente a medida que avanza la obra), uno se daba cuenta de que la habilidad de su autor con los rotuladores como mucho igualaba la del mejor dibujante amateur de tu clase en secundaria, pero poco más. No obstante, Alex Robinson se guardaba, para hacer de Malas Ventas una gran obra, la baza fundamental: contaba con un excelente relato.

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Y es que superado un inicio dubitativo, quizás intencionadamente tibio, pues al fin y al cabo transmite la sensación de veracidad de las his
torias cotidianas, Robinson traza un retrato del difícil paso entre la más despreocupada juventud y las responsabilidades que conlleva la "madurez". Para ello el autor se sirve de una decena escasa de personajes (ninguno de ellos un vulgar estereótipo) que giran alrededor de un piso que comparten tres de ellos, a los veremos vivir sus primeras experiencias serias de pareja, pelear -o no hacerlo- por alcanzar sus sueños, realizar trabajos basura o simplemente disfrutar de posiciones más acomodadas. Las tramas protagonizadas por dos de ellos, los amigos Sherman Davies -escritor frustrado que trabaja como dependiente en una librería- y Ed Velasquez -dibujante de cómics en busca de su primer contrato-, servirán de ejes principales de la obra, aunque junto a sus historias, los detalles de las vidas de los personajes que los rodean, sirven al autor para completar un retrato contemporáneo, muy detallado y completo, de un momento vital por el que pasan todas las genraciones. Además, aunque la obra contenga numerosos detalles que la sitúen en un momento temporal concreto -principios de los noventa-, el principal logro del cómic de Robinson es haber obtenido una obra universal, plagada de situaciones con las que podrá identificarse cualquier joven occidental de clase trabajadora. Narrativamente poderosa y con un dibujo que va ganando en calidad y recursos a medida que avanza la historia (su autor trabajó en ella durante años), Malas Ventas trasciende la mera historieta para convertirse en uno de los retratos más certeros de la sociedad actual a través de unos jóvenes en transición hacia un futuro incierto. Como la vida misma.

Joe Sacco - "Palestina. En la Franja de Gaza" (Planeta DeAgostini)

Si ustedes son lectores habituales seguro que habrán percibido alguna vez -no muchas- mientras leían un libro, la sensación de encontrarse ante algo realmente especial. No es esa sensación placentera, de euforia, que tienes cuando disfrutas de la lectura, sino algo diferente, como si hubieras asistido a una revelación. A mí me ha pasado en pocas ocasiones (ahorma mismo sólo podría vincularlo a alguna obra de Kapuscinski), y la última de ellas ha sido con la lectura de este Palestina. En la Franja de Gaza, un cómic del dibujante/periodista Joe Sacco, cuya lectura me ha conmocionado. Y no porque lo que cuente no sea algo que no conozca en mayor o menor medida, sino por el modo en que está contado.

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Centrado en la época inmediatamente posterior a la primera intifada palestina, el cómic (publicado por primera vez en España en 2004) relata en primera persona, el periplo que su autor realizó por los Territorios Palestinos con el fin de describir el origen del conflicto palestinoisraelí desde un punto de vista diferente al que mostraban los grandes medios de comunicación occidentales y especialmente los norteamericanos (empeñados en deshumanizar a la población palestina, frente a la judía, que matiene el rol de víctima pese a ser el verdugo en la mayoría de los casos, además de la causante del origen del conflicto). Así, desde las primeras páginas el lector acompaña a Sacco en la multitud de entrevistas que realiza, en diferentes puntos de la región, a ciudadanos que han padecido incidentes derivados de la instauración por parte de Occidente del estado de Israel (de origen divino) sobre terriotorio palestino. Obviamente, testimonios dramáticos no le faltan, y en las casi trescientas páginas de la novela asistimos a un compendio de relatos que explican en buena medida lo que el pueblo palestino padeció antes de que se produjera aquél primer levantamiento civil (y que fue originando, sin que Sacco lo oculte, una espiral de violencia sin aparente fin).

Pero lo que hace enorme a Palestina no es solo lo que cuenta, sino la capacidad y la maestría de su autor para contarlo. Como si de las mejores fotografías se tratara, Sacco aúna una excelente narración con unas ilustraciones realmente asombrosas y descriptivas, y nos embuye en un relato que gana verosimilitud tanto con la cantidad de detalles que acumula en sus textos y dibujos, como con la autocrítica que el mismo autor realiza, al confesar en ocasiones su búsqueda del morbo porque es el material que necesita, o al confesar más de una falta de sensibilidad con sus interlocutores. Sin embargo todo ello sirve para construir la obra más lúcida y útil para describir -pese a los ligeros cambios que se han producido en la situación desde que la obra fue realizada- la que es, seguramente, la mayor vergüenza política generada por las naciones occidentales en el último siglo. Y es que frente a la acumulación de datos y detalles de obras de autores tan reputados como Chomsky, que se erigen en muros inaccesibles para el lector medio, Palestina logra su objetivo y hace accesible a cualquiera el relato del horror al que ha sido sometido el pueblo palestino bajo el yugo israelí con el amparo de las Naciones Unidas.

Es por ello que esta obra no solo me parece recomendable por su brillante construcción y perfecta forma (algunos dibujos de Sacco contenidos en esta novela gráfica son realmente excepcionales), sino que me parece fundamental para la divulgación de un suceso que explica en buena medida el conflicto político y social que vivimos oriente y occidente, y que pone además de manifiesto de un modo claro y sencillo que en este caso es "nuestro bando" el que tiene muchos más motivos para avergonzarse. Si se animan a leerlo por este texto, les agradecería que no dejaran de escribirme su comentario cuando lo acaben, porque me gustaría poder dar un pequeña respuesta a la pregunta que tantas víctimas le hacen al autor después de haber desnudado ante él sus tragedias: ¿pero todo esto va a servir de algo?. Sí, esta vez sí.

PD: Para que vean lo que son las cosas. Escribiendo este texto he visto que la wikipedia no tiene una entrada en inglés para el término "intifada", no sea que algún estadounidense descubra que los palestinos, aunque fuera con piedras (la primera vez) se levantaron contra la invasión judía de sus tierras.

PD2: Encontrarán más información sobre la obra, y seguramente mejor escrita, en esta página de la Guía del Cómic.

Estoy a la espera, podría decir que ansiosa, de poder leer Fun Home de Alison Bechdel que ya se puede adquirir en España gracias a Reservoir Books de Mondadori. Aún no lo tengo, pero mi curiosidad sube y sube conforme más cosas me llegan de este libro. Bueno, se trata de un cómic book o novela gráfica, en la que la autora de forma autobiográfica relata su salida del armario y su relación con su padre. Ella, Bechdel, es la escritora de la exitosa seria Dykes to Watch Out For, de la que ya comentamos algo en una entrada anterior. Con esta última, Fun Home, fue nominada al National Book Critics Circle Award 2007 y declarada Mejor novela gráfica del 2006 según Entertainment Weekly, así como uno de los 10 mejores libros de 2006 para New York Magazine y entre los 100 mejores del año para The New York Times.

Pues eso, aunque los reconocimientos me despiertan la atención, lo que realmente lo ha hecho es saber que el libro casi fue vetado de una librería en Missouri y que una estudiante de la universidad de Utah denunció ante la organización No Pornography que en su clase de inglés había libros pornográficos, y ponía de ejemplo este mismo, posiblemente por mostrar sin tabú el tema de la homosexualidad. Cuando yo estudiaba literatura no tenía libros tan interesantes y, definitivamente, no había cómics en los listados. Ha despertado mi curiosidad.

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Pero todo esto viene porque a mis manos ha llegado otro cómic que atrapó mi atención desde el principio. Strangers in paradise (SIP para los entendidos). Se trata de una reedición en español (de 7 números, el primero salió en 2005 y el último se presentó en el Saló del Còmic de Barcelona). Claro. Yo no tenía ni idea. Fui a la tienda de mi ciudad y pregunté, como si fuera una supernovedad y el ejemplar acabara de ver la luz por primera vez. Pero no. Es una serie que se inició en los 90 en el mercado independiente, primero bajo la editorial Antartic Press y luego en el propio sello creado por su autor tres años después, Abstract Studio. ¿Y quién es su autor? Terry Moore, quien escribe en la introducción: “Cuando empecé a escribir y dibujar SIP, reflexionaba sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Reflexionaba sobre las chicas guapas que veía entre la gente… ¿Por qué sonreían? ¿Qué podía hacer que se quedasen de pie, bajo la lluvia, esperando a alguien? Reflexionaba sobre por qué hombres y mujeres repiten una y otra vez los mismos errores, en todas las épocas…”

¿Queda claro el tema? Pues, dos chicas son muy amigas. Una de ellas es una enamoradiza compulsiva e inestable, la otra una chica dura que odia a los hombres. La segunda está enamorada de la primera. La primera no sabe bien lo que quiere. En ese marco de relaciones imposibles, amores no correspondidos, amistad eterna, conversaciones con helado hasta el amanecer, aparece un chico, que en principio no pinta nada, pero que consigue meterse en la pareja. ¿Y qué ocurre? Pues que se enamora de la segunda chica, de la mala, de la que odia a los hombres. Pero realmente no los odia. Y mucho menos a él. Y esto ocurre en el momento más inoportuno, cuando la primera chica, la dulce, se da cuenta de que también le gusta la chica. ¿Quiere tenerla cuando cree que la va a perder?

Pues todo eso, relaciones humanas intensas, vívidas y muy reales, salpican las páginas de cada una de las entregas de esta novela gráfica extendida. He leído hasta el momento dos números, pero planeo devorar lo que pueda en cuanto tenga tiempo. Y como los cómics ofrecen libertad, Moore se permite meter en medio una especie de trama de novela negra, donde hay una señora mala que dirige a un grupo de matones, todas ellas mujeres, y que resulta estar emparentada con el chico que se enamora de la chica mala. Pero esto es lo de menos. Lo que más importa. Lo que atrapa son Katchoo, Francine y David. Ellos tres y sus problemas con la vida son lo que hacen de SIP lo que es.

El tempo, la forma, los dibujos… Me recuerda mucho a Love & Rockets. La serie de los Hermanos Hernadez. La serie de Maggie and Hopey, en las que sus dos chicas protagonistas también tenían tiras y aflojas en su propia relación. Mucho amor, pero también desamor, propio de la época adolescente.

Frederik Peeters - "Píldoras Azules" (Astiberri)

Como Mónica comentaba recientemente, tampoco yo soy un gran lector de cómics. Ni siquiera, un entendido (de alguno considerado clásico, prefiero la adaptación al cine que el original); pero pese a todo, el formato me atrae y, si tengo la oportunidad, no descarto nunca la lectura de un volumen a priori interesante. Así llegó a mis manos -junto a otros- este Píldoras Azules ('06, Astiberri), que me ha dejado francamente asombrado y ha revitalizado mi interés en el mundo de las viñetas. El libro supone un relato autobiográfico en el que su autor -el francés Frederik Peeters- narra un periodo de su convivencia con una mujer y el hijo que ésta tiene fruto de una relación anterior, con la peculiaridad de que ambos, madre e hijo, son seropositivos. Sin embargo, este factor, que podría justificar de por sí el interés del relato, deviene un punto secundario en una obra en la que lo importante es como el protagonista nos desvela su propia historia de amor.

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Una historia que Peeters despliega, básicamente, a partir de un monólogo interior, que a su vez genera recuerdos y flashbacks que nos permiten asistir al enamoramiento del protagonista, a su relación con el hijo de la pareja, a la revelación de la enfermedad y a algunos de los problemas y particularidades que ésta confiere al día a día del núcleo familiar. Cabe señalar, tratándose de un cómic, la efectividad de los dibujos, en un sobrio blanco y negro, que consiguen, por lo que respecta a los personajes, mostrar una gran variedad de registros dramáticos que suplen con efectividad la ausencia de descripciones del medio.

Del mismo modo, la selección de planos, muy cinematográfica, también aporta una gran carga al relato, descartando todo lo prescindible para enfatizar, cuando el autor lo desea, los aspectos más importantes (con lo que consigue alcanzar momentos muy brillantes; como aquellos en los que vemos desde la mirada del niño; o la magistral visita al médico familiar, con una importante carga de suspense y una resolución perfecta).

Con todos esos elementos, entre los que destacan un buen argumento, brillantemente desarrollado, y un dibujo preciso, Peeters logra una emotiva historia que, además de revelar algunos aspectos más que interesantes sobre la realidad de las personas afectadas por el VIH, difícilmente dejará indiferente a aquél que se acerque a ella. Absolutamente recomendable.

La foto de Frederilk Peeters es de esta web dedicada al autor.

No estoy muy metida en el mundo de los cómics, ni en general ni en particular. Leo cosas sueltas, las que me llegan por terceros, las que me interesan por temática… Por ejemplo, cuando estaba en la universidad me leí la saga entera de Sandman, por un amigo que me lo introdujo. También me hice, por entonces, devota de Love & Rockets, y sobre todo de sus protagonistas, Maggie y Hopey. Y, desde entonces, he caído rendida ante Alan Moore, Frank Miller, Daniel Clowes… y otros, pero sin llegar a profundizar realmente. Eso sí, recomiendo sus obras, desde Batman: Año Uno hasta V de Vendetta, Ghost World o Como un guante de seda forjado en hierro. Sin despreciar a la siempre eterna Mafalda o el genial Calvin y su inseparable Hobbes. Por otra parte, mi novia es entusiasta de un tal Liniers y su Macanudo, aunque yo no lo he leído nunca. Y me dejo, inevitable e injustamente, un millón de referencias en el tintero (Maus, Persépolis,...).

En fin, todo este preámbulo, puede que tedioso e innecesario, viene porque estas navidades me regalaron un cómic titulado, Salidas de emergencia. Bollería fina. La nueva entrega del primer cómic lésbico que se publicó en España, creado por Rosa Navarro (guionista) y Gema Arquero (dibujante), en el que se repasan los tópicos del mundo del ambiente “bollo”. Así, de entrada me recordó otros cómics parecidos que leí hace tiempo: Unos bollos de cuidado (Dykes to watch out for) y El mundo de Jane (Jane’s World). Ambos son norteamericanos, por lo que la gracia de Bollería fina estaría en su visión del ambiente patrio, por llamarlo de alguna manera y de forma rápida. Además, se trata de la primera publicación, de la carta de presentación, de una nueva editorial afincada en Barcelona, De Facto Ediciones.

Seguir Leyendo... Troni, Guille, Luna, Leo y Pau son un grupo de amigas. Unas chicas alrededor de los 20 años moldeadas por los estereotipos que las autoras han considerado oportunos. “La vida cotidiana de este grupo de cinco amigas, cuyos caracteres están muy bien definidos, se nos retrata abierta y desenfadadamente”, afirma Nazario (el padre del cómic gay en español) en el prólogo. Las autoras repasan a través de sus personajes, y con mucho, cualquier circunstancia que rodee ser lesbiana en España ahora, tal como la salida del armario, que tu novia te deje por un tío, las relaciones sexuales, el ambiente y las reacciones de aquellos que no están en el ambiente…

Como cualquier cosa que se circunscribe a un tema sólo cae en el estereotipo fácil, más siendo un cómic tipo viñeta, y al humor superficial. Es divertido, aunque un tanto plano, pero te ríes cuando una de las amigas insiste en ir a “la conferencia sobre la presencia de la menstruación en el arte femenino” y todas salen corriendo. O aquella que se lía a una madurita interesante y le suelta un discurso sobre todas las referencias lésbicas habidas y por haber: “¿Conoces la novela que escribió Alice B. Toklas sobre Gertrude Stein? Es más conocida que la de Djuna Barnes, pero menos intensa que la de Virginia Wolf”.

Como los chistes de Muchachada Nui o La Hora Chanante, o series como IT Crowd, sólo son graciosas para aquellos que comparten los mismos referentes. Así, Bollería fina interesará a quienes puedan reconocerse, aunque sea mínimamente, en sus páginas. O, puede, que a aquellos curiosos por saber de qué va todo esto. Aunque espero que no se queden sólo con esta idea.

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