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John Carlin - "El factor humano" (Seix Barral/La Campana)

¿Pudo un campeonato de rugby cambiar el destino de Sudáfrica? Por lo visto sí, pero no fue el rugby el que logró la proeza, sino Nelson Mandela, que utilizó este deporte de masas en su país (orgullo en particular de la minoría blanca) como instrumento con el que consolidar y unir la nación surgida tras el fin del apartheid. Ése fue sólo uno de los aciertos de la trayectoria política del líder político surafricano, pero podría resumir en buena medida la actitud, astucia y determinación de un hombre que consiguió lo que parecía imposible en uno de los hitos más reivindicables de la reciente historia de la humanidad. Así lo supo ver el periodista británico ahora afincado en España John Carlin, corresponsal en Sudafrica entre 1989 y 1995, que tomó este suceso como eje narrativo y punto culminante de su relato de la transición sudafricana entre los últimos años del apartheid y los primeros de una cierta normalidad en el país africano, y que se publicó recienteme en nuestro país con el título El Factor Humano (Seix Barral/La Campana).

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Y el resultado es sencillamente magnífico. Con una estructura en flashback, Carlin nos traslada, tras situarnos inicialmente en la mañana de la final de la Copa del Mundo -en el que diversos personajes cuya naturaleza aún desconocemos viven esos instantes con diferentes grados de nerviosismo-, a un pasado en el que nos presenta la figura de Mandela, primero en libertad, y luego decidiendo continuar sus titánica lucha en prisión. Así, la primera mitad de la obra se centra en observar la evolución de esta figura histórica y cómo consiguió hacer temblar los cimientos de un terrible régimen a través de su astucia; al tiempo que en el exterior, otros compañeros de lucha lograban grandes golpes que ahogaban cada vez más el régimen, entre los que destacó la expulsión de la selección sudafricana de rugby, orgullo de la minoría blanca opresora, de las competiciones internacionales.

A partir de esos antecedentes, que se siguen con gran interés tanto por lo trascendental de la historia como por la habilidad del autor para exponerlos (que hace de lo que no es otra cosa que un enorme reportaje, una adictiva novela), Carlin narra el proceso de la transición sudafricana tal como la orquestó Mandela, sin omitir los principales detalles (como la denuncia a la típica e hipócrita equidistancia europea al entregar el Nobel de la paz ex aequo a Mandela y al racista De Klerk), pero prestando especial atención al empleo de la selección sudafricana de rugby para unificar a las masas. Si a todo ello se le suma un tono por lo general épico, al lector -al menos ese fue mi caso- le resulta difícil no contagiarse del entusiasmo que el autor destila en su narración y a través de los testimonios de sus protagonistas, lo que, unido al carácter "real" de lo relatado, hace de la obra una de las que son difíciles de olvidar. Absolutamente recomendable.

PD: Por si alguien ha llegado aquí tras leer la obra, les dejo con un vídeo sobre la final que hallé en YouTube, y que recoge el tratamiento informativo que del partido dio la televisión nacional neozelandesa.


Roberto Saviano - "Gomorra" (Debate/Debolsillo)

Para cuando lea esto, seguramente un ejemplar de Gomorra haya llegado ya a su casa. Y es que, si le gusta leer, es difícil que un familiar suyo o usted mismo se haya resistido a las pilas de ejemplares que se podían ver de él en las grandes superficies y a la tremenda promoción que de él se ha hecho, a raíz especialmente de que su autor, Roberto Saviano, haya sido amenazado de muerte por uno de los delincuentes que aparecen citados en su libro. No obstante, este ensayo sobre la camorra napolitana lleva ya en el mercado español desde hace un par de veranos y fue entonces cuando recuerdo que llamó mi atención a partir de un fragmento del mismo recogido en un semanario de la prensa nacional. Y también recuerdo que a los pocos meses, una persona de mi confianza, me comentó que el libro desvelaba cosas interesantes, pero que, por unos u otros motivos, no era un gran ensayo. Así quedó aparcado, a la espera de un encuentro casual, hasta que se despertó la fiebre por él y un ejemplar acabó hace unas semanas en mis manos. Y con unas ganas renovadas me dispuse a leerlo.

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Las primeras páginas, con la descripción de la escena de los cadáveres de chinos cayendo de un contenedor de barco en el Puerto de Nápoles, hacía presagiar lo mejor que había podido leer acerca de la obra: que iba a poner ante mis ojos una realidad oculta, dominada por el hampa, y que tenía ramificaciones que llegaban a la vida diaria de toda la sociedad, lejos incluso del sur de Italia. Sin embargo, a las pocas páginas el impacto inicial se difuminaba, a medida que veíamos al joven narrador (cumplirá este año la treintena) moverse como Pedro por su casa por las zonas dominadas por la camorra. ¿Cómo lo hace? ¿A qué se dedica? Uno bien puede deducir que se trata de un joven seducido por este mundo de delincuencia o de un periodista infiltrado, pero tome el punto de vista que tome, será pura deducción, pues el autor en ningún momento se sitúa. A partir de entonces, le vemos pasar del puerto a las fábricas ilegales de ropa de diseño, y ya entonces nos encontramos con el síntoma que marcará toda la obra: Saviano tiene entre manos una historia muy potente que conoce a la perfección -o, al menos, en una gran profundidad- pero no sabe cómo contarla.

Esto queda de manifiesto en la historia del modisto, en la que creo recordar que por primera vez empiezan a aparecer nombres a discreción, sin que el autor encuentre el modo -o simplemente haga un esfuerzo, porque parece que no lo intente- de constituir una imagen de conjunto para el lector. Esto se repite, y más gravemente, en los capítulos titulados El sistema y La Guerra de los Secondigliano, en los que la profusión de nombres de camorristas, asesinatos, killers y capos generan un batiburrillo del que es difícil salir a menos que uno intuyera que el fin último de la lectura es ir realizando al tiempo un árbol genealógico de la camorra. Y el problema es que para cuando uno sale de él, ya se ha plantado en la mitad del libro.

Cabe señalar que es a partir de ahí cuando la cosa mejora, aunque lo hace gradualmente. Y uno puede entrever el papel que en el asunto juega la prensa, los vecinos de la zona, las grandes empresas, los niños o las mujeres. Sin embargo, a uno le sobrevuela constantemente la imagen de lo que había podido constituir semajante material en manos de un gran periodista. Porque Saviano cuenta historias tremendas, como la del párroco, los dos jóvenes obsesionados con las películas norteamericanas, o la testigo que denuncia a un killer (cuya historia estremece más por pensar que el autor contaba cuando la escribió lo que luego le sucedería a él), pero en todas, aunque mejor narradas que las iniciales, se percibe que podrían haber llevado más lejos con una narración más selectiva en los detalles. Pese a ello, el escritor, que va ganando protagonismo en el relato en sus capítulos finales, logra en ellos un cierto increscendo para desembocar en un correcto final en el que une una muy interesante historia -la del tratamiento de residuos- con un desenlace personal.

Conociendo el contexto de la obra, a un servidor le quedó un regusto agridulce tras su lectura, pues a pesar de la profusión de datos, el relato de Saviano no es definitivamente bueno para hacerse una nítida composición de lugar de lo que quiere retratar. Es más, a nivel cultural, su lectura puede resultar incluso contraproducente, pues mucha gente ajena a la lectura de ensayos se va a enfrentar por primera vez a uno con él, y su estructura no es ni sencilla, ni clara, ni esclarecedora. Esto suma un poso más a la amargura de la lectura, aunque el brillo de esperanza lo pone la valentía demostrada por su autor a la hora de escribirlo, pues acertadamente o no, directamente o no, ha arrojado un halo de luz sobre una de las miserias del mundo occidental. Y sólo por eso ya merece nuestro respeto y aplauso.

Joe Sacco - "Palestina. En la Franja de Gaza" (Planeta DeAgostini)

Si ustedes son lectores habituales seguro que habrán percibido alguna vez -no muchas- mientras leían un libro, la sensación de encontrarse ante algo realmente especial. No es esa sensación placentera, de euforia, que tienes cuando disfrutas de la lectura, sino algo diferente, como si hubieras asistido a una revelación. A mí me ha pasado en pocas ocasiones (ahorma mismo sólo podría vincularlo a alguna obra de Kapuscinski), y la última de ellas ha sido con la lectura de este Palestina. En la Franja de Gaza, un cómic del dibujante/periodista Joe Sacco, cuya lectura me ha conmocionado. Y no porque lo que cuente no sea algo que no conozca en mayor o menor medida, sino por el modo en que está contado.

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Centrado en la época inmediatamente posterior a la primera intifada palestina, el cómic (publicado por primera vez en España en 2004) relata en primera persona, el periplo que su autor realizó por los Territorios Palestinos con el fin de describir el origen del conflicto palestinoisraelí desde un punto de vista diferente al que mostraban los grandes medios de comunicación occidentales y especialmente los norteamericanos (empeñados en deshumanizar a la población palestina, frente a la judía, que matiene el rol de víctima pese a ser el verdugo en la mayoría de los casos, además de la causante del origen del conflicto). Así, desde las primeras páginas el lector acompaña a Sacco en la multitud de entrevistas que realiza, en diferentes puntos de la región, a ciudadanos que han padecido incidentes derivados de la instauración por parte de Occidente del estado de Israel (de origen divino) sobre terriotorio palestino. Obviamente, testimonios dramáticos no le faltan, y en las casi trescientas páginas de la novela asistimos a un compendio de relatos que explican en buena medida lo que el pueblo palestino padeció antes de que se produjera aquél primer levantamiento civil (y que fue originando, sin que Sacco lo oculte, una espiral de violencia sin aparente fin).

Pero lo que hace enorme a Palestina no es solo lo que cuenta, sino la capacidad y la maestría de su autor para contarlo. Como si de las mejores fotografías se tratara, Sacco aúna una excelente narración con unas ilustraciones realmente asombrosas y descriptivas, y nos embuye en un relato que gana verosimilitud tanto con la cantidad de detalles que acumula en sus textos y dibujos, como con la autocrítica que el mismo autor realiza, al confesar en ocasiones su búsqueda del morbo porque es el material que necesita, o al confesar más de una falta de sensibilidad con sus interlocutores. Sin embargo todo ello sirve para construir la obra más lúcida y útil para describir -pese a los ligeros cambios que se han producido en la situación desde que la obra fue realizada- la que es, seguramente, la mayor vergüenza política generada por las naciones occidentales en el último siglo. Y es que frente a la acumulación de datos y detalles de obras de autores tan reputados como Chomsky, que se erigen en muros inaccesibles para el lector medio, Palestina logra su objetivo y hace accesible a cualquiera el relato del horror al que ha sido sometido el pueblo palestino bajo el yugo israelí con el amparo de las Naciones Unidas.

Es por ello que esta obra no solo me parece recomendable por su brillante construcción y perfecta forma (algunos dibujos de Sacco contenidos en esta novela gráfica son realmente excepcionales), sino que me parece fundamental para la divulgación de un suceso que explica en buena medida el conflicto político y social que vivimos oriente y occidente, y que pone además de manifiesto de un modo claro y sencillo que en este caso es "nuestro bando" el que tiene muchos más motivos para avergonzarse. Si se animan a leerlo por este texto, les agradecería que no dejaran de escribirme su comentario cuando lo acaben, porque me gustaría poder dar un pequeña respuesta a la pregunta que tantas víctimas le hacen al autor después de haber desnudado ante él sus tragedias: ¿pero todo esto va a servir de algo?. Sí, esta vez sí.

PD: Para que vean lo que son las cosas. Escribiendo este texto he visto que la wikipedia no tiene una entrada en inglés para el término "intifada", no sea que algún estadounidense descubra que los palestinos, aunque fuera con piedras (la primera vez) se levantaron contra la invasión judía de sus tierras.

PD2: Encontrarán más información sobre la obra, y seguramente mejor escrita, en esta página de la Guía del Cómic.

Tim Harford - "La Lógica Oculta de la Vida" (Temas de Hoy)

Hace poco más de un año, el joven economista británico Tim Harford vio como España también sucumbía al pelotazo editorial que supuso su ensayo de debut, El Economista Camuflado. Siguiendo la estela del superventas de Steven Levitt y Stephen J. Dubner Freakonomics, su obra explicaba, en un lenguaje asequible, cómo la economía capitalista influía y regulaba algunos llamativos o curiosos sucesos de nuestra vida diaria y cómo, conociendo sus mecanismos, podíamos mejorar nuestra posición a la hora de manejarnos en ella. Ahora, tras aquel éxito de ventas, Harford regresa con una segunda entrega, La Lógica Oculta de la Vida (Temas de Hoy, '08) en la que promete demostrar que todas las decisiones humanas se pueden explicar desde un punto de vista económico.

Seguir Leyendo... Como en su anterior obra (de la que ya hablé aquí), Harford se sirve de varios ejemplos llamativos para captar la atención del lector. Y empieza, desde luego, pegando fuerte, al elegir el extendido rechazo entre los clientes de la prostitución a ponerse preservativo -pese al grave riesgo que conlleva-, como argumento para explicar el eje central del libro (el de la "decisión racional"). Esta entrada seguramente supondrá un gran punto de interés o enganche para los lectores que se encuentren con el autor por primera vez, aunque es inferior al de su anterior entrega y además, menos acertada en el ritmo, pues frente al increscendo de El Economista Camuflado, en el nuevo libro el autor se zambulle más rápido en materia. Y, como le sucedió en aquél, en La Lógica Oculta de la Vida también acaba el argumento inicial disolviéndose conforme avanzan las páginas. Pues a penas tras el tercer capítulo -cuando se acaba de explicar la teoría de juegos- los siguientes son como grandes reportajes agarrados con pinzas, con el nexo común de que se trata de sucesos en los que las "decisiones racionales" tomadas inconscientemente por colectivos de individuos determinan algunos fenómenos sociales.

No quiere decir eso que a partir de entonces el libro no sea interesante. Al contrario, algunos de su mejores momentos llegan después; habiendo alguno, como el dedicado a la segregación racial en los barrios o a la xenofobia en el ámbito laboral, francamente reveladores; aunque haya que matizar la aportación del autor, que se limita a hacer en muchos de ellos -que no es poco- una brillante selección de fuentes (eso sí, referenciadas de un modo incómodo en las últimas páginas del volumen). Sin embargo, el global me vuelve a transmitir la sensación de cajón desastre, de obra inconclusa o carente de cuerpo, que ya me proporcionó la anterior entrega del autor, aunque esta vez sin la velada defensa de las bondades del sistema capitalista que aquel contenía. De ese modo La Lógica Oculta de la Vida deviene a mi entender en una entretenida sucesión de fenómenos actuales explicados desde una óptica económica, aunque sin la profundidad y el empaque que la convertirían en una obra de referencia.

* En la foto, Tim Harford (retratado por Fran Monks).

** Esta entrada se publica simultáneamente en Testigo Accidental.

Francesc Bayarri - "Cita a Sarajevo" (L'Eixam)

En 1969 el general croata Vjekoslav Luburic, responsable de miles de asesinatos en el campo de concentración que comandaba durante la Segunda Guerra Mundial (en la que su ejército combatió junto a los nazis), llevaba años viviendo plácidamente en Carcaixent, una localidad cercana a Valencia. Hasta aquí había llegado a través de la Ruta de Ratas (como popularmente se conoce a las vías de escape que se tendieron desde diversos países -entre ellos el Vaticano- para refugiar a criminales de guerra nazis) con la ayuda de la iglesia y la connivencia del régimen franquista, que lo tenía como ejemplar luchador anticomunista. Pero aquél año también encontraría aquí su muerte. Su sirviente, el joven yugoslavo Ilija Stanic, que desapareció en el momento del asesinato, fue acusado inmediatamente como autor del crimen, pero nadie, ni la policía y los servicios de espionaje franquistas, ni la Interpol, lograron nunca encontrarle. Sin embargo, más de tres décadas después, un periodista valenciano al que impactó aquel suceso de su infancia, toma en sus manos la investigación de lo sucedido y emprende un viaje a Sarajevo detrás de una corazonada que le dice que allí encontrará al supuesto autor de los hechos.

Seguir Leyendo... Ése es el punto de partida de Cita a Sarajevo ('06, L'Eixam Edicions), un excelente libro, a mitad camino entre el gran reportaje periodístico y el ensayo, del periodista valenciano Francesc Bayarri. Una obra trepidante y atractiva en muchos sentidos. El primero y obvio es el de la resolución del misterio que investiga, que el autor desvela con notable pulso, dosificando los datos y cada uno de los pasos para mantener en vilo al lector. El segundo, la descripción de las realidades resultantes de la antigua Yugoslavia, a partir de la descripción de su pasado con la excusa de situar las historias de Luburic y Stanic (que no son sino una consecuencia de la historia de la zona), y también del viaje en busca del segundo al Sarajevo actual; aspectos que Bayarri introduce en la narración de un modo sutil, dándole gran importancia, pero sin parecer en ningún momento un anexo innecesario a la trama del relato. Y finalmente, como guinda de toda la obra, la introducción por parte del autor de su propia reflexión sobre la realidad informativa, motivada por la duda que le queda sobre lo vivido una vez concluida su investigación.

Poco más les puedo contar de este libro (si no se lo quiero fastidiar) cuyo principal misterio no es si hubo o no cita -la hubo, como en su día publicó la prensa (Levante-EMV, La Vanguardia, ambos en pdf)-, sino, en todo caso, saber si el periodista será capaz de encontrar la verdad de lo sucedido. O, más aún, si esa verdad, o cualquier otra, existe como tal.

Esta entrada se ha publicado paralelamente en Testigo Accidental.

Espido Freire - “Querida Jane, querida Charlotte” (Aguilar)

Alguien me decía que no podía ser que sólo hablara aquí de libros que me habían encantado, que también había que dejar constancia de los que no te gustaban nada. Normalmente tengo bastante puntería, no dispongo de mucho tiempo para leer y por eso trato de elegirlos cuidadosamente, a través de referencias o de algún detalle que los haga atractivos para mí. Pero hay veces que te equivocas. No me había leído ninguna obra de Espido Freire, nada a parte de artículos suyos en periódicos y revistas, sin embargo tenía bastante curiosidad por ésta que se anunciaba como un viaje a las tierras de Jane Austen y las hermanas Brontë, un paisaje y unos personajes históricos magnéticos, que vivieron entre el siglo XVIII y XIX.

Desgraciadamente, Querida Jane, querida Charlotte me ha resultado un libro decepcionante por banal y ligero. El mundo de estas escritoras inglesas es muy goloso y aquí, aunque presentado como un viaje emocional por la propia autora, queda retratado muy a vuela pluma. De palabra Espido Freire deja bien claro lo mucho que las adora, lo mucho que las conoce, pero para mí estas afirmaciones se quedan solamente en palabras, como cuando en una película te explican lo que está pasando o cómo es un personaje y desisten de mostrártelo con acciones, gestos, omisiones.

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El principio resulta prometedor cuando plantea su curiosidad hacia Austen y compañía: “A lo largo de los años, los expertos han analizado los aspectos más oscuros o desconocidos de sus vidas y de sus obras, han elaborado teorías para explicar lo inexplicable, es decir, cómo cuatro mujeres solteras y pobres, autodidactas, con mala salud, aisladas en el campo en un siglo que no potenciaba precisamente sus facultades, que murieron antes de llegar a la cuarentena se las arreglaron para escribir una docena de la mejores novelas en lengua inglesa”. Pero incluso ya a partir de ahí no podía obviar las referencias al propio proceso de escritura del libro, al viaje que Freire emprendió, a los inconvenientes con que se encontró, y la sensación que me dejaba página a página fue que todo se hacía sobre la marcha, sin demasiado rigor. Seguramente no fue así pero hablar con ironía de la cotidianidad, de los pequeños detalles y conseguir transportar con ello al lector es un arte que no todos los escritores poseen: “Junto al hotel que me hospedo en Leeds, un reloj muestra una inscripción poco alentadora: ‘Tempus fugit’. Decido tomarlo como un buen presagio: al fin y al cabo El tiempo huye es el título de mi primer libro de relatos. Bajo el reloj veo una tienda de vestidos de novia que propone que las jovencitas casaderas opten por un modelos de clara inspiración rococó, rojo, con un exceso de rosas y tul glacé. Discreto. La peluquería más sofisticada que he visto en mi vida ofrece sus servicios en la acera de enfrente. Se llama Fibre, y sólo acercarse a ella ya intimida”.

La primera parte está dedicada a Jane Austen y repasa, a través de varios capítulos, los diferentes lugares en que vivió y ambientó sus novelas la genial escritora inglesa: Bath, Southampton, Kent, Chawton, Steventon, Londres, Winchester. La segunda se centra en Charlotte, Emily, Anne, y la estructura a partir de la visita a cada una de las estancias de la casa donde ellas vivieron y donde se encuentra la Fundación Brontë. De sur a norte de Inglaterra, y de postre, una extensa bibliografía cuyo bagaje es una pena que no haya sabido transmitir Espido Freire. Un libro de viajes e impresiones tiene la obligación de contagiar y éste, conmigo, no lo ha conseguido.

Peter Biskind - "Moteros Tranquilos, Toros Salvajes" (Anagrama)

Del más futil al más denso, del más serio al más liviano, todo libro requiere de su lector un estado de ánimo de cara a afrontar su lectura. Independientemente, también están los que contienen en sí todas las claves para su comprensión y los que requieren de su destinatario una serie de conocimientos previos. El que ahora me ocupa pertenece a esta última categoría, la que requiere del lector, para ser disfrutado en su plenitud, un conocimiento cuanto menos superficial de la materia que trata, que en este caso es el cine de autor que se facturó en Estados Unidos en la década de los setenta.

A grandes rasgos esa sería la materia sobre la que versa Moteros Tranquilos, Toros Salvajes, un compendio de los sucesos alrededor de la una generación de cineastas y las películas que grabaron en un periodo de tiempo que cambió la industria hollywoodiense. Sin embargo, reducir a eso -que ya de por sí es interesante y motivó en cierto modo mi lectura- esta obra de Peter Biskind, supondría no hacerle justicia. Y es que este libro, que subtitula La Generación Que Cambio Hollywood, es más que un ensayo al uso o un gran reportaje. Más bien se podría decir que el veterano periodista cinematográfico norteamericano realiza una biografía de un sector de la industria, y la plasma plasmada a modo de narración clásica, con su típico formato de presentación, nudo y desenlace.

Sinceramente no recuerdo haber leído nunca una obra realizada a través de una investigación tan vasta como la que emplea Biskind, que seguramente se ha beneficiado de sus propios conocimientos de primera mano sobre la materia, pero que también ha realizado centenares de entrevistas a los protagonistas de la historia que relata. Así, son las propias palabras de Martin Scorsese, Coppola, Lucas o el resto de sus colegas, ayudantes y colaboradores, las que hilvanan, refuerzan y dotan de dinamismo una narración que es resultado de una espectacular obra de orfebrería.

Evidentemente, Moteros Tranquilos no cuenta el proceso de gestación de todas las películas de los setenta en que se vio implicada la generación de Spielberg, Friedkin o De Palma, sino de aquellas que sirven para vehicular y confirmar la teoría o la visión que el autor tiene y quiere transmitir de la época. No obstante, cabe señalar que ésta es, en muchos casos, francamente desmitificadora, pues ya desde el principio, una vez superada la intencionada producción de Bonnie & Clyde, pone de manifiesto que la mítica Easy Rider, como otras que le seguirán, no fue sino fruto del azar; al tiempo que señala las inseguridades y miserias de unos autores que son valorados en muchos casos como genios.

Así, Biskind elabora una obra espectacular en su forma y sumamente reveladora en su contenido, pero destinada a los amantes del cine, y a los del de esa década en particular (sin el conocimiento de buena parte de las películas y sus autores el disfrute del libro se verá notablemente reducido), que seguramente se sorprenderán, como me sucedió a mí, de como alguna de sus películas favoritas pudo ser llevada a cabo.

Joan Didion- “El Año del Pensamiento Mágico” (Global Rhythm Press)


Ejercicio de memoria

En una entrevista que leí la escritora californiana Joan Didion definía con tres palabras su ideal de estilo: Economía, claridad, sencillez. Han pasado muchos años desde que empecé a devorar libros. En un principio mis motivaciones eran de diversa naturaleza, estaba el fetichismo por el objeto en sí mismo junto al hambre de historias, personajes, otras vidas, otros mundos, que no fueran el mío, aunque muchas veces también acabaran siéndolo. La cuestión es que mis primeros enganches a la literatura eran con relatos enrevesados y barrocos, de una intensidad muy propia de la adolescencia. Mi autor más adorado era Javier García Sánchez, un escritor español muy bueno pero poco conocido que ha parido obras magnas como El mecanógrafo, El Alpe d’Huez, o Última carta de amor. No se puede decir que la sencillez sea su seña de identidad, precisamente. Tampoco la de otros de mis primeros favoritos, Virginia Woolf, Carson McCullers, Djuna Barnes, … Eso sí, a Faulkner no llegué. Pero con Marguerite Duras se produjo una bifurcación en el camino, ella representaba el extremo completamente contrario.

Marguerite Duras fue el principio, el descubrir que había una forma más sintética de contar historias y expresar sentimientos. Luego cayó en mis manos Jane Austen, Truman Capote, A.M.Homes, John Irving, … todos ellos hacen gala de un estilo depurado, directo, preciso, el reino de las frases que dicen justamente lo que dicen sin necesidad de convertirse en subordinadas, que con toda la ironía y ninguna pomposidad, aportan una visión aguda de la realidad. No es que haya vivido un proceso ascético en busca del zen, no, sólo que cada vez valoro más la eficacia, las cosas bien hechas y la ausencia de pedantería. Adoro los autores discretos, sin pose, a los maestros del lenguaje, los que hacen magia con muy pocos elementos y que sin embargo no creen estar por encima de los mortales.

Ése es el territorio que más admiro como lectora. Y en él se sitúa como ama y señora Joan Didion, una adorable mujer de 73 años, con cinco novelas, numerosos ensayos y guiones como los de Pánico en Needle Park (1971) o Ha nacido una estrella (1976), en su haber, a la que en Estados Unidos se incluye entre los autores contemporáneos más relevantes, aunque en Europa sea una desconocida. En España, por ejemplo, apenas se han publicado tres de sus obras. El año del pensamiento mágico es la más reciente, la que me ha servido de excusa para soltar todo esto, y que empieza así:

La vida cambia rápido.
La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba.

La vida cambió de repente para Joan Didion cuando a finales de 2003 su marido, John Gregory Dunne, también escritor, murió de un ataque al corazón cuando ambos se disponían a cenar en su casa de Nueva York, donde precisamente se encontraban cuidando de su hija, Quintana, ingresada y en coma a raíz de una neumonía. De golpe y porrazo, la tragedia había entrado en escena. La autora reproduce fielmente en las apenas doscientas páginas de este particular ensayo personal, la manera en que vivió esta experiencia, la negación, el duelo, la obsesión, el miedo a caer en la autocompasión.

El año del pensamiento mágico es uno de los libros que más me ha impactado porque se zambulle con osadía en un territorio poco explorado (o al menos no de esta forma, sin adornos ni sentimentalismo) en las sociedades occidentales, el territorio de la muerte, y lo hace mirando de frente al dolor, a la pérdida, y aportando valiosas reflexiones desde una estructura caótica y con el natural desorden de alguien que recuerda, que repasa, que analiza cada detalle vivido con la persona querida. Es de esos que te acompañan aún mucho después de haberlos culminado, a los que vuelves, que maduras y en los que profundizas con el tiempo. La historia de la autora se entrelaza con la tuya, su ejercicio de memoria, sus menudencias cotidianas te hablan de algo mayor e inalcanzable, lo desprotegidos que nos quedamos ante la muerte.

De algún modo siempre he creído que las personas que han vivido el drama de cerca están íntimamente unidas, tocadas por un mal hado pero también con una sensibilidad más desarrollada para la vida. Al poco de publicar este libro la hija de Didion, que por un tiempo pareció recuperada, también falleció. En una entrevista con Eduardo Lago en Babelia decía “Creo que mi visión de la muerte no cambió tan radicalmente con la pérdida de John como con la de Quintana; ahora son muy pocas las cosas negativas que pueden sucederme”. La muerte, para bien y para mal, pone las cosas en su sitio.

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