John Carlin - "El factor humano" (Seix Barral/La Campana)

¿Pudo un campeonato de rugby cambiar el destino de Sudáfrica? Por lo visto sí, pero no fue el rugby el que logró la proeza, sino Nelson Mandela, que utilizó este deporte de masas en su país (orgullo en particular de la minoría blanca) como instrumento con el que consolidar y unir la nación surgida tras el fin del apartheid. Ése fue sólo uno de los aciertos de la trayectoria política del líder político surafricano, pero podría resumir en buena medida la actitud, astucia y determinación de un hombre que consiguió lo que parecía imposible en uno de los hitos más reivindicables de la reciente historia de la humanidad. Así lo supo ver el periodista británico ahora afincado en España John Carlin, corresponsal en Sudafrica entre 1989 y 1995, que tomó este suceso como eje narrativo y punto culminante de su relato de la transición sudafricana entre los últimos años del apartheid y los primeros de una cierta normalidad en el país africano, y que se publicó recienteme en nuestro país con el título El Factor Humano (Seix Barral/La Campana).

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Y el resultado es sencillamente magnífico. Con una estructura en flashback, Carlin nos traslada, tras situarnos inicialmente en la mañana de la final de la Copa del Mundo -en el que diversos personajes cuya naturaleza aún desconocemos viven esos instantes con diferentes grados de nerviosismo-, a un pasado en el que nos presenta la figura de Mandela, primero en libertad, y luego decidiendo continuar sus titánica lucha en prisión. Así, la primera mitad de la obra se centra en observar la evolución de esta figura histórica y cómo consiguió hacer temblar los cimientos de un terrible régimen a través de su astucia; al tiempo que en el exterior, otros compañeros de lucha lograban grandes golpes que ahogaban cada vez más el régimen, entre los que destacó la expulsión de la selección sudafricana de rugby, orgullo de la minoría blanca opresora, de las competiciones internacionales.

A partir de esos antecedentes, que se siguen con gran interés tanto por lo trascendental de la historia como por la habilidad del autor para exponerlos (que hace de lo que no es otra cosa que un enorme reportaje, una adictiva novela), Carlin narra el proceso de la transición sudafricana tal como la orquestó Mandela, sin omitir los principales detalles (como la denuncia a la típica e hipócrita equidistancia europea al entregar el Nobel de la paz ex aequo a Mandela y al racista De Klerk), pero prestando especial atención al empleo de la selección sudafricana de rugby para unificar a las masas. Si a todo ello se le suma un tono por lo general épico, al lector -al menos ese fue mi caso- le resulta difícil no contagiarse del entusiasmo que el autor destila en su narración y a través de los testimonios de sus protagonistas, lo que, unido al carácter "real" de lo relatado, hace de la obra una de las que son difíciles de olvidar. Absolutamente recomendable.

PD: Por si alguien ha llegado aquí tras leer la obra, les dejo con un vídeo sobre la final que hallé en YouTube, y que recoge el tratamiento informativo que del partido dio la televisión nacional neozelandesa.


Bernhard Schlink - "El lector" (Anagrama)

Coincidiendo con el estreno en cines de la adaptación protagonizada por Kate Winslet, de casualidad encontré entre mis libros éste, que hacía años me había regalado un buen amigo. Y menuda sorpresa más grata me llevé. En apenas doscientas páginas Schlink relata una historia potente y logra una de esas novelas pequeñas pero matonas, llena de matices y con una profundización en los personajes que causa impresión. Más que leerla, la engullí y cuando la acabé me quedé destrozada. Y cometí el error de ir a ver enseguida la película, algo que nunca más volveré a hacer porque mi visión estaba totalmente condicionada por la impresión que me había causado el original y quizá fui injusta con una adaptación que es digna, aunque para mí se queda en algo bastante pobre si se compara; es difícil trasladar a la pantalla las hondas reflexiones del protagonista sin hacer uso de la voz en off. Aún así ver a Kate dar uno de sus recitales interpretativos siempre es una gozada.

De El lector se pueden decir muchas cosas. Su punto de arranque es una intensa relación amorosa entre un adolescente y una mujer mayor, que marcará de por vida al primero y que se desarrolla en alguna ciudad indeterminada de la Alemania de posguerra. Los sucesos se van recordando desde el presente, el narrador hace un ejercicio de memoria a modo de tanteo, yendo y viniendo, reconstruyendo y sobre todo reflexionando con una profundidad sin concesiones; con un solo párrafo consigue abarcar tanto: “(…) en lo que sucedió en aquellos días reconozco hoy el mismo esquema por medio del cual el pensamiento y la acción se han conjugado o han divergido durante toda mi vida. Pienso, llego a una conclusión, la conclusión cristaliza en una decisión, y entonces me doy cuenta de que la acción es algo aparte, algo que puede seguir a la decisión, pero no necesariamente. A lo largo de mi vida, he hecho muchas veces cosas que era incapaz de decidirme a hacer y he dejado de hacer otras que había decidido firmemente.”

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Uno de los temas esenciales de la novela es la culpa en todas sus formas, la culpa que angustia a alguien a título personal, sus disquisiciones morales entre lo que debe o no hacer, pero también la culpa de toda una generación de alemanes, la posterior a la Segunda Guerra Mundial, avergonzada y rabiosa por lo que habían hecho (o no) sus padres. La indagación que realiza Schlink (con juicio de fondo incluido) no es nada facilona, es precisamente su punto de vista fresco sobre el asunto lo que le da envergadura: “Hoy en día hay tantos libros y películas sobre el tema, que el mundo de los campos de exterminio forma ya parte del imaginario colectivo que complementa el mundo real. Nuestra fantasía está acostumbrada a internarse en él, y desde la serie de televisión ‘Holocausto’ y películas como ‘La decisión de Sophie’ y especialmente ‘La lista de Schindler’, no sólo se mueve en su interior, no se limita a percibir, sino que ha empezado a añadir y decorar por su cuenta.”

Algo que me ha gustado especialmente de El lector es la relación erótica que sirve de punto de partida al relato. Cómo describe el nacimiento de la pasión entre la pareja, los primeros encuentros, el aprendizaje sexual del joven, y la descripción de esa mujer y de su cuerpo, objeto de deseo nada convencional y que el autor nos muestra con delicada autenticidad. …Hanna, menuda mujer, tan dura e inflexible, fuerte y frágil a la vez, consigue revolverte, te incomoda la fascinación y la comprensión, o compasión, que eres capaz de sentir hacia ella. Y entiendes la altura de ese amor que deja al protagonista marcado de por vida, bloqueado emocionalmente, siempre esquivo: “¿Será eso lo que me entristece? ¿El celo y la fe que me colmaban en aquella época, mi empeño en arrancarle a la vida una promesa que de ningún modo podía cumplir? A veces veo en las caras de los niños y los adolescentes el mismo celo y la misma fe, y los veo con la misma tristeza con que recuerdo los míos. Esa tristeza, ¿no será la tristeza pura? ¿Es eso lo que nos sobreviene cuando, al mirar atrás, los recuerdos hermosos se nos vuelven quebradizos, al ver que aquella felicidad no se alimentaba sólo de la situación del momento, sino de una promesa que no se cumplió?”

“(…) me daba pena su vida retrasada y fracasada, y pensé con tristeza en los retrasos y fracasos de la vida en general. Pensé que cuando se ha dejado pasar el momento justo, cuando alguien se ha negado demasiado tiempo a algo, o se lo han negado, ese algo por fuerza llega demasiado tarde, por más que uno lo acometa con todas sus fuerzas y lo reciba con gozo. ¿O quizá no existe ‘demasiado tarde’, solo ‘tarde’, y ‘tarde’ es mejor que ‘nunca’? No lo sé.” Me gusta especialmente ese “no lo sé” final, porque encierra toda la complejidad del ser humano, su constante contradicción, su incertidumbre, su naturaleza esencialmente indefensa. La novela no aporta respuestas a las cuestiones que plantea, y se agradece, porque su valor para mí reside en las certeras preguntas que nos hace, en el espacio que nos reserva a nosotros, los lectores.

Michael Connelly - "Llamada perdida" (Zeta bolsillo)

En 2002 se editaba en EEUU la primera edición de Chasing The Dime, rebautizada para su edición española de 2005 como Llamada perdida, una novela en la que el prolífico Michael Connelly abandonaba momentáneamente sus personajes habituales para elaborar una nueva trama criminal, ambientada también en la ciudad de Los Angeles. En ella, un científico y empresario de alto nivel que acaba de cambiar de vivienda tras romper con su pareja, comienza a recibir en su nuevo teléfono llamadas destinadas a una prostituta. El científico, marcado por un trauma de su pasado, pronto descubrirá que la antigua propietaria del número desapareció semanas atrás, y se embarcará en su búsqueda, lo que no le ocasionará más que problemas.

Con ese punto de partida Connelly vuelve a realizar un correcto y ejercicio de narración, con una trama lo suficientemente ágil como para mentaner la atención del lector, y una estructura sencilla que posibilita que el libro se lea en un suspiro. Como en otras ocasiones, la historia es también muy visual, transmitiendo la impresión de estar asistiendo al visionado de un interesante thriller hollywoodiense. Al margen de eso, poco más. No se trata de una obra trascendente, sino de puro -y efectivo- entertainment, lo que de vez en cuando se agradece.

Más de Connelly en Fondo de catálogo:
El eco negro
Cauces de maldad

Javier Puebla - "Tigre Manjatan"

Aunque las mujeres fatales, los antros para aficionados al boxeo o los héroes solitarios que desayunan bourbon son algunos de los iconos inconfundibles del género negro, por norma habitual su aparición en las novelas actuales, y más aún en las ambientadas en la Europa contemporánea, está en franca recesión. Ejemplos hay de lo contrario, como las primeras novelas de Ferran Torrent, aunque quedan ya lejanas y los escenarios han ido desapareciendo paulatinamente de sus obras al tiempo que lo hacían también de las ciudades. No obstante, Javier Puebla se resiste a renunciar a estos emblemas y recurre a ellos con fuerza en su nueva obra, Tigre Manjatan, cuya acción, pese a su portada neoyorquina, transcurre en un Madrid actual en el que se mueve un periodista solitario apodado con el peculiar mote que da título a la novela.

Seguir Leyendo... Puebla, que dio su mayor golpe hasta la fecha al quedar finalista del Nadal en 2004 con Sonríe Delgado, nos presenta en la obra a un 'Tigre' atormentado por el asesinato de una prostituta que recientemente protagonizó uno de sus reportajes. Insatisfecho por la dirección que parece apuntar la investigación policial, el periodista emprenderá su propia búsqueda del asesino.No obstante, no es esta trama el principal argumento de la novela (o al menos no me lo parece a mí), sino el propio protagonista, cuyos pensamientos el autor nos va narrando a medida que avanza la historia. Así seguimos a un personaje que parece fascinar al autor -ya ha ganado un certamen literario con la que será la segunda novela que protagonice y lo ha ubicado en varios relatos breves-, pero que a un servidor, por lo excesivo de su cliché (hombre solitario, cínico, que lanza constantemente frases -supuestamente- incendiarias, bebedor de bourbon, etc.), se le antoja distante y poco creíble. En el recorrido, pese a todo, destaca por encima del resto un fragmento (cuando el periodista, una vez hecho el reportaje, se ve obligado a tratar con la prostituta marginal) en el que Puebla junta unas páginas que destilan crudo realismo. Sin embargo, son pocas en el global de una obra que se lee con facilidad, pero que no trascenderá por poseer una brillante y consistente intriga (la investigación avanza por azar y se resuelve de un modo como podría haberse resuelto de otro), ni por suponer el retrato social de un lugar y una época, como podría haber sido de haber ahondado en la senda de las páginas citadas; aunque seguramente no fuera ese el deseo de su autor.

"Los hombres que no amaban a las mujeres", adaptada al cine

Si quieren que les diga la verdad, no tenía ni idea de que hubiera un proyecto en marcha para llevar la exitosa primera entrega de la serie Millenium de Stieg Larsson a la gran pantalla. Por eso me ha pillado por sorpresa leer hoy en la prensa que la adaptación de Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatar kvinnor en su título original) no sólo ya se había filmado, sino que se estrenaba hoy en los cines de Suecia y Dinamarca. De ahí a buscar en internet para ver el trailer sólo han pasado unos segundos. Aquí les dejo uno de ellos, el menos explícito (el otro, siguiendo este enlace). Por si les pica la curiosidad.



Aquí pueden leer lo que Provi Durán escribió sobre la novela en este mismo blog.

Si hay un cómic grande entre los grandes, con todos los que hemos sacado por aquí…para mí es éste. Dentro de poco hará un año que se publicó por fin en España y nos alegró la vida. Hay libros como Fun Home que devoras en dos sentadas y que, sin embargo, te gustaría que duraran para siempre, como en la viñeta de Liniers. Son los que marcan diferencia. Decía que me había alegrado la vida, aunque esta novela gráfica es más tragedia que comedia pero es lo que hay cuando se encara la realidad conscientemente, y es precisamente el drama lo que pone las cosas en perspectiva. Alison Bechdel cambia de registro, de los desenfadados álbumes Unas bollos de cuidado sobre su entorno lésbico, al relato intenso y personal de una novela gráfica de las que hacen época y que fue elegida entre los mejores libros del año 2006 por cabeceras como The New York Times.

Cuando leemos Fun Home no podemos dejar de pensar en la querida familia Fisher de Six feet under, con la que los Bechdel comparten negocio. El entorno que rodea a la autora en su infancia, y que tan bien muestra aquí, le marca y resulta idóneo para tratar sobre la muerte, la vida, el encierro, la represión… ella vive todo eso de cerca, entre la extrañeza y la naturalidad según el caso. El poeta William Wordsworth decía aquello de “el niño es el padre del hombre”, una verdad fundamental que nos explica muy bien y que aquí contemplamos en la evolución de la pequeña Ali: las relaciones de la particular familia, el ambiguo matrimonio que forman sus progenitores, su despertar sexual como lesbiana en la universidad, la muerte del padre, su conflictiva e intensa relación con él (“es verdad que no se suicidó hasta que tuve casi veinte años. Pero su ausencia resonó retroactivamente, reverberando a través de todo el tiempo que le conocí”)….y todo a través de unas viñetas preciosas, llenas de poesía, que conmueven, que maravillan.

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Lo mejor de Fun Home es el hilo del relato, el continuo tanteo en idas y venidas, la verdadera exploración que la autora hace de su propia biografía y de qué manera entrelaza su histo
ria y la de su padre, su alumbramiento en presente y la decadencia y tormento de él en el pasado. Hay una total impudicia por parte de Bechdel al mostrar los secretos de su familia, como una catarsis necesaria con la que expiar el sufrimiento. No en vano les dedica el libro a su madre y hermanos diciendo “lo pasamos muy bien a pesar de todo”. ¿Y dónde queda entonces la parte cómica? Pues como la vida misma, en la desgracia también cabe la risa, y es en los pequeños detalles cotidianos donde encontramos lo entrañable de una familia: en la cara de alucine de los hijos ante el furor esteticista del padre y su inflexibilidad ante la combinación de colores a la hora de vestirla (“Yo era espartana y mi padre era ateniense. Yo era moderna y él victoriano. Una marimacho para su princesa. Yo era utilitarista y él un esteta”), en las ocurrencias infantiles y las situaciones esperpénticas que se daban en una funeraria habitada por tres niños. Y todo ese recorrido, plagado de citas y referencias literarias muy bien traídas, con un lugar preponderante para Marcel Proust pero también con la erótica interpretación que hace la autora con su novia del libro de Roald Dahl James y el melocotón gigante. Vamos, una delicia.

Amélie Nothomb - "Cosmétique de l'ennemi" (Le Livre de Poche)

Para clase de francés me he examinado de este libro y por primera vez, y espero que sirva de precedente, me ha motivado lo suficiente para hablar de él aquí. Le petit Nicolas y compañía no daban mucho juego, la verdad. Anteriormente solo había leído de (la exitosa) Amélie Nothomb Antichrista, una novelita sin mucha trascendencia donde sí puedes captar enseguida la querencia de esta mujer por las relaciones obsesivas. En Cosmétique de l’ennemi, que es anterior, va también por ese camino, centrándose especialmente en el conflicto de dos personajes, por así decirlo. Esta es una de esas ocasiones en las que te piden que no desveles nada de la historia porque la gracia, supuestamente, está en llegar desprevenido a la sorpresa final. Para mí no hay tal sorpresa, casi al principio del libro uno de los personajes empieza a hablarle al otro del ‘enemigo interior’, del jansenismo, de Pascal…Y a partir de ahí todo sigue el camino lógico.

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Hay infinidad de películas y libros que hablan de ello. Dejemos al margen algunos detalles poco verosímiles del desarrollo de la historia, como la chapucera trama criminal o la visión trasnochada yofensiva del amor y las relaciones, con la mujer como mero objeto receptor, con la idea de ‘la maté porque era mía’ y similares, que probablemente la autora introduce a modo de crítica. Lo realmente interesante de esta novela corta es que profundiza de manera muy directa y ágil en la psicología del ser humano, y como quien no quiere la cosa se pone a hablar de la dualidad, del Jekyll y Hyde que todos llevamos dentro, del enfrentamiento entre la parte consciente e inconsciente de una mente enferma, de nuestros demonios interiores… Solo por hablar de todo esto y tener ese gusto especial por los cementerios, la Nothomb me tiene ganada.
Aquí va mi extracto favorito, que habla precisamente de todo esto (siento ponerlo en francés, no tengo la versión traducida): “Je crois en l’ennemi. Les preuves de l’existence de Dieu sont faibles et byzantines, les preuves de son pouvoir sont plus maigres encore. Les preuves de l’existence de l’ennemi intérieur sont énormes et celles de son pouvoir sont écrasantes. Je crois en l’ennemi parce que, tous les jours et toutes les nuits, je le rencontre sur mon chemin. L’ennemi est celui qui, de l’intérieur, détruit ce qui vaut la peine. Il est celui qui vous montre la décrépitude contenue en chaque réalité. Il est celui qui vous met en lumière votre básese et celle de vos amis. Il est celui qui, en un jour parfait, vous trouvera una excellente raison d’être torturé”.

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